Tom Steyer: Fortuna y pasado empresarial bajo fuego
Tom Steyer: Fortuna y pasado empresarial bajo fuego
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¿Por qué es cuestionado el candidato en California?
Tom Steyer, magnate de fondos de inversión y aspirante demócrata a la gobernación de California, enfrenta una crisis de imagen a medida que se acercan las primarias del 2 de junio. El escrutinio se centra en el origen de su fortuna, estimada en 2,400 millones de dólares, y específicamente en las inversiones que su antigua firma, Farallon Capital, realizó en cárceles privadas como la de Otay Mesa. Activistas y rivales políticos, como el congresista Eric Swalwell, critican que su capital se haya construido, en parte, mediante empresas vinculadas a la detención de inmigrantes y menores de edad.
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Inversiones polémicas y respuesta de campaña
¿Qué vínculos tuvo con centros de detención y combustibles fósiles?
El historial financiero de Steyer incluye puntos de fricción que contradicen su actual discurso progresista:
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Prisiones privadas: En 2005, Farallon Capital poseía 89.1 millones de dólares en acciones de CoreCivic (antes CCA), empresa que gestiona centros de detención del ICE.
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Impacto ambiental: Se le vincula con inversiones pasadas en minas de carbón en Australia que afectaron hábitats de especies protegidas.
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Financiamiento propio: Steyer ha invertido 112 millones de dólares de su propio bolsillo en la actual contienda, saturando los medios con más de 5,000 anuncios en el último mes.
Steyer ha calificado estas inversiones como un “error” que lamenta profundamente, afirmando que vendió su participación hace más de 20 años por motivos éticos. Sin embargo, registros fiscales indican que él y su esposa siguen percibiendo ingresos derivados de transacciones previas de Farallon hasta 2024. Su portavoz asegura que cualquier beneficio indirecto de sectores como prisiones o combustibles fósiles es donado a organizaciones benéficas.
El desafío de las primarias de junio
A pesar de su inmensa capacidad de gasto, la historia electoral de California sugiere que el dinero no garantiza el éxito; ejemplos como los de Meg Whitman en 2010 demuestran que los votantes pueden penalizar un pasado empresarial controvertido. Con 23.1 millones de votantes registrados, la contienda pondrá a prueba si los californianos aceptan su transformación en filántropo ambientalista o si las críticas por lucrar con el “sufrimiento humano” frenarán sus aspiraciones políticas en Sacramento.
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