En el mismo barco, por una política de la pertenencia mutua

Por: Antonio López
Hace unos días vi un clip en donde el presidente argentino, Javier Milei, habla sobre las empresas que contaminan un río; el argumento es el siguiente: una empresa que contamina un río puede hacerlo porque sobra el agua, además, ese río por sí mismo no puede generar dinero. El video es escandaloso por varias razones: primero, porque revive las sospechas de que Milei ha estado negociando con el presidente de los Estados Unidos los recursos naturales de Argentina sin que se tenga claridad sobre lo que está en la mesa, al mismo tiempo, ha despertado una serie de críticas sobre corrupción en las más altas esferas del gobierno argentino y este video lo que hace es posicionar un discurso en el que los recursos naturales dejan de ser importantes cuando se obtiene a cambio un supuesto crecimiento económico y generación de riqueza, para muchos argentinos en redes sociales, los únicos que han visto mejoras en su economía son los integrantes de la familia presidencial; segundo, porque en medio de una crisis climática como la que enfrentamos y con jefes de Estado que niegan esta emergencia, lo más probable es que no logremos la meta de limitar el calentamiento a máximo 2 grados centígrados, con las consecuencias que ya hemos visto, como aumento en inundaciones, pérdida de cultivos, sequías, entre otros; y tercero, nos habla de un cambio discursivo en donde los valores de la democracia liberal han dejado de ser un referente para esta nueva derecha libertaria.
Quiero centrarme en el último punto, porque hay nociones filosóficas que nos ayudan a darle forma a la sociedad que habitamos, de esta forma, conceptos como justicia social, bienestar, equidad, entre otros, han servido para organizar el espacio público. Esos principios, por supuesto, están vinculados con la noción de democracia, son sus pilares, del otro lado, el liberalismo ha impulsado otros, como la libertad, vinculada esencialmente al libre mercado y la propiedad. Cuando hablamos de democracia liberal lo que hemos hecho es encontrar un equilibrio entre dos visiones originalmente contrapuestas, sin embargo, la nueva ola de gobiernos libertarios está buscando romper ese equilibrio, de ahí el impulso que se da a un discurso en el que el Estado se ve como un estorbo para lograr el crecimiento económico, la justicia social y la redistribución de la riqueza también son criticados en esta visión, porque suponen que los gobiernos que entregan programas sociales lo que buscan es perpetuarse en el poder, comprando votos a cambio de “dádivas”.
En otras palabras, la nueva derecha libertaria atenta contra el principio de estar juntos. “Corresponderse mutuamente”, escucharnos, protegernos como especie ha sido el principio por antonomasia de los vínculos sociales. El filósofo alemán Peter Sloterdijk ha dicho que todos estamos en el mismo barco: el planeta tierra es ese barco, su naufragio supone un peligro para toda la especie humana y eso es algo que no hemos entendido, parece que todos soñamos con ir en la cubierta de ese barco, viajar en primera clase a costa del trabajo, la salud y hasta la vida de la tripulación.
Esta visión política del mundo redunda en políticas públicas que ponen en riesgo nuestra noción de pertenencia mutua, eliminar secretarías de estado que buscan la justicia social para grupos vulnerables es la forma en la que abdicamos a la posibilidad de existir en comunidad. Hoy que empezamos un nuevo año, es necesario que pongamos atención a la agenda política que se presenta ante nosotros y cuestionemos desde dónde se está impulsando, es claro que el miedo al otro ha sido el motor que ha hecho crecer a la derecha global, ante ello, la apuesta debe ser la solidaridad y el regreso a ese principio básico que es la pertenencia mutua.
México ha encontrado un anclaje discursivo que todavía es necesario delinear para que funcione como barrera protectora ante la erosión de lo común: el humanismo mexicano. Esa visión, difusa si se quiere, encierra justamente la posibilidad de volver a encontrarnos como comunidad, fortalece una visión comunitaria y, sobre todo, permite que el diseño de las políticas públicas esté centradoen los mas desprotegidos, quizás es pronto para evaluar los alcances de ese discurso, pero sin duda alguna es una visión que hace frente ante lo que plantea esa nueva derecha libertaria.
