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Un crecimiento científico que transforma opciones de maternidad

México duplicó en 25 años la tasa de éxito del embarazo asistido, y este cambio marcó un punto de inflexión en la atención reproductiva. Desde entonces, la ciencia avanzó con rapidez y permitió que más mujeres y parejas encontraran alternativas médicas confiables. Además, los especialistas integraron nuevas herramientas que fortalecen los resultados y, al mismo tiempo, ampliaron la oferta de servicios en el país. Finalmente, estos progresos beneficiaron a quienes buscan ser madres o padres, incluso cuando enfrentan diagnósticos complejos.

Ahora los tratamientos incluyen técnicas complementarias a la fertilización in vitro, como la regeneración ovárica y la reparación del endometrio. También interviene la inteligencia artificial, ya que ayuda a los médicos a identificar la calidad de óvulos, espermatozoides y embriones. Debido a estos avances, el panorama de la reproducción asistida cambió por completo, mientras más clínicas incorporan estas tecnologías.

Por otro lado, estos servicios crecieron sin una regulación formal. Aun así, México se consolidó como uno de los destinos más solicitados dentro del turismo médico. Cada año llegan más pacientes porque encuentran costos mucho más bajos que en otros países, en especial en comparación con Estados Unidos. Esta tendencia se reforzó con la expansión de centros especializados y con la mejora constante de los resultados clínicos.

Factores que impulsan la demanda y retos actuales

Jean Paul Sulaiman, director médico del Instituto Ingenes, destacó que México se convirtió en el segundo país con más demanda en reproducción asistida, solo detrás de Tailandia. Los costos entre 60 y 80 por ciento más bajos impulsaron ese crecimiento. Mientras tanto, consultoras internacionales proyectan que el mercado mundial alcanzará un valor de 42 mil millones de dólares en 2034 y crecerá cada año 17.6 por ciento. Estos datos reflejan el impacto económico y social que tiene el sector.

El Ingenes, fundado en 2005, reporta más de 75 mil nacimientos logrados con sus tratamientos. Sus especialistas observan que el incremento en la demanda se relaciona con la decisión de muchas mujeres de retrasar la maternidad por motivos académicos y laborales. Este grupo llega, en promedio, a los 30 años, pero enfrenta retos como la disminución de la reserva ovárica, la baja calidad de los óvulos y padecimientos como endometriosis o síndrome de ovario poliquístico.

Además, los médicos explican que la probabilidad de lograr un embarazo disminuye con la edad. Una pareja menor de 30 años tiene alrededor de 20 por ciento de posibilidades por mes, mientras que después de los 40 años esa cifra cae a 5 por ciento. Por ello, cada vez más personas buscan acompañamiento especializado para resolver dificultades reproductivas.

A finales del siglo pasado, las parejas con recursos económicos viajaban a clínicas en Estados Unidos o Europa porque en México no existían instituciones especializadas. En la actualidad, hospitales públicos como el Instituto Nacional de Perinatología, el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre del Issste y el Hospital de Pemex ya ofrecen estos servicios. Así, el país amplió la cobertura y fortaleció la atención.

La Organización Mundial de la Salud reconoció la infertilidad como enfermedad en 2009. Esta decisión impulsó la investigación científica y el desarrollo tecnológico que hoy respalda tratamientos más precisos. También abrió la puerta a una atención más inclusiva, ya que aumentó el número de parejas del mismo sexo y personas solteras que buscan formar una familia. En Ingenes, estos grupos ya representan entre 10 y 15 por ciento de las consultas.