Edgar Mereles columnista

Por: Edgar Mereles Ortíz

“El hombre a veces se enamora apasionada

y extraordinariamente del sufrimiento…”

Dostoievski.

 

El treinta de junio de mil novecientos ochenta y cuatro, en el aeropuerto de San Juan de Puerto Rico fue detenido Arturo “El Negro” Durazo, quien fue director general de policía y tránsito del Departamento del Distrito Federal en el gobierno de José López Portillo y la regencia de Carlos Hank González.

El doce de septiembre del dos mil veinticinco en alguna zona residencial de Asunción, Paraguay ha sido detenido Hernán “EL Abuelo” Bermúdez. Quien fungió como secretario de seguridad publica en el Gobierno del Estado de Tabasco durante la presidencia de Andrés Manuel López Obrador y la gobernatura de Adán Augusto López Hernández.

En cuarenta y un años parece que México está estancado en el fango de la corrupción, la asociación delictuosa, el crimen organizado y la dirección de funcionarios a grupos criminales. Arturo y Hernán son las cabezas visibles de la descomposición, la corrupción, el abuso y los excesos de gobiernos que no tiene ningún temor a la ley, respeto a la autoridad. Ambos representan la crueldad con la que hacen uso de los recursos políticos, jurídicos, financieros, materiales y humanos de las dependencias bajo su cargo para tejer un sistema delictivo despiadado, asesino.

Lo irónico de esta historia es, que en ambos casos la seguridad del entonces Distrito Federal, de Tabasco y sus respectivos habitantes estaban en sus manos, fueron los responsables de pensar en ideas, diseñar estrategias y operar acciones que se suponía tenían que combatir a los delincuentes y minimizar sus daños. No fue así.

Ambos casos colocan en la mesa de las conversaciones la necesidad de que haya una formación profesional con instituciones autónomas académicas de muy elevado perfil en la educación, formación, entrenamiento, capacitación de todos los elementos que, por su propia voluntad, anhelen edificar una carrera profesional en las instituciones del Estado Mexicano para la seguridad ciudadanas, locales, regionales y nacional. La seguridad pública en todos sus niveles no puede estar en manos de decisiones y grupos políticos que ganan elecciones.

La primera muestra, sin ambigüedades, de que la Seguridad es un asunto de Estado, está en sacar la política de la designación de todos sus mandos municipales, estatales y federal.

Pienso que hoy como ayer, que con la captura de Hernán no llegará la sangre al río. Con la detención, procesamiento y sentencia a Arturo Durazo ningún otro funcionario del gobierno local y federal del sexenio 1976-82 cayó. La detención y condena al ingeniero Jorge Serrano fue por la malversación de dinero en la compra de buques tanques para PEMEX. La captura de Bermúdez no va a llevar a un efecto dominó en la clase política de morena, Adán puede ser que sea expulsado del paraíso, pero no irá al infierno; no tienen riesgo todos los presuntos o reales implicados con “la barredora” y sus filiales, en pisar la cárcel.

Me atrevo a exponer semejante escenario porque todos los sistemas políticos y sus respectivos regímenes tiene un control de daños, así como un esquema de sobrevivencia que evitan la suicidio colectivo o la difusión de culpas para todos. La impunidad es un escudo y adarga cuando este tipo de crisis explotan; un escudo para protegerse de los ataques sistémicos y colectivos, y una adarga para los enfrentamientos individuales y de corto alcance. Hernán Bermúdez será el villano único y favorito de este gobierno, él pagará todos los costos de las actividades delictivas propias y ajenas, en él se cargarán todas las maldiciones del régimen y desahogarán todas las penas. “El Abuelo” está sólo y así será el resto de sus días.

Carlos Salinas de Gortari en aquel diez de enero de 1989, cuando elementos del ejército y de la procuraduría general de república detenían en su casa ubicada en Ciudad Madero, Tamaulipas, a Joaquín “La Quina” Hernández, líder del poderosísimo sindicato petrolero, iniciaba su proceso de legitimación por el presunto fraude electoral. Claudia Sheinbaum con ésta y otra acciones policiacas va consolidando su legitimación y obteniendo el reconocimiento de propios y extraños. Una estrella en el firmamento está tomado brillo y luz propia, lleva el nombre de Omar.


 

Las opiniones expresadas en este artículo son exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura editorial de Cadena Politica. El contenido ha sido publicado con fines informativos y en ejercicio de la libertad de expresión.