Luis Vega
  • León XIV, un Papa que Escucha

Por Luis Vega

El pontificado de León XIV apenas comienza y, sin embargo, ya despierta expectativas y tensiones. Muchos se preguntan a quién seguirá más: ¿al cercano y reformador Francisco, al intelectual Benedicto XVI o al misionero Juan Pablo II? La respuesta quizá sea que no seguirá a ninguno, sino que intentará abrir su propio camino en un mundo marcado por guerras, hambre, polarización política y un acelerado proceso de secularización que relega a la Iglesia a un papel cada vez menos central en la vida pública.

Dentro de la Curia Vaticana, los contrastes no son menores. Mientras un sector conservador busca el regreso a las misas en latín, el énfasis en la piedad tradicional, la devoción mariana y el llamado constante a la santidad, otro grupo acusa a León XIV de frialdad, lentitud y falta de compromiso con la justicia social y con los pobres. Lo cierto es que ambos caminos son complementarios y el gran reto del Papa será unirlos bajo un mismo horizonte.

Los primeros cien días de su pontificado han dejado ver dos prioridades en lo que él llama su “suave agenda diplomática”: buscar un alto al fuego y un acuerdo de paz en Ucrania, y atender la crisis humanitaria en Gaza, incluida la liberación de rehenes y el combate al hambre. Con una claridad poco común en un líder religioso, León XIV advirtió tras la cumbre entre Putin y Trump que “hay que buscar siempre el diálogo, el trabajo diplomático y no la violencia, no las armas. Después de tanto tiempo de guerra, ¿cuál es el fin?”.

Su voz también resonó fuerte al referirse a Medio Oriente: “Hay que resolver la crisis humanitaria, no se puede seguir así. Conocemos la violencia del terrorismo y respetamos a los muchos que han muerto y también a los rehenes, es necesario que sean liberados. Pero también hay que pensar en los muchos que están muriendo de hambre”. Sus palabras no fueron diplomáticamente calculadas, sino moralmente necesarias.

León XIV es un Papa que escucha. Nacido en Estados Unidos y formado en la orden agustiniana, fue misionero en Perú antes de llegar a Roma. Sus cercanos lo describen como un hombre de comunidad, de caridad y de prudencia. Ha defendido la familia como institución, la vida en todas sus etapas, el medio ambiente y la necesidad de detener el rearme militar. Su estilo no es el de imponer, sino el de tender puentes.

Su origen estadounidense le coloca frente a desafíos especiales. No ha dudado en contradecir públicamente a Donald Trump en temas como migración y cambio climático. Esa independencia será clave para sostener la autoridad moral de la Iglesia en los próximos años.

El Jubileo de la Juventud fue quizá su gesto más esperanzador hasta ahora. Ante más de un millón de jóvenes de 150 países, en inglés, español e italiano, les recordó que no están llamados a ser espectadores, sino protagonistas de un mundo más humano.

En cien días, León XIV ha mostrado que la paz y la reconciliación no se decretan: se construyen. Y lo hace paso a paso, escuchando más que hablando, convencido de que el verdadero liderazgo no se impone, sino que se gana en el encuentro con los otros.