Seguridad con rostro humano: la propuesta de Enrique Vargas para México
Enrique Vargas del Villar se ha consolidado como una de las voces más firmes y críticas dentro del Congreso frente al rumbo que ha tomado la estrategia de seguridad pública en el país. Su postura, basada en la experiencia de gobierno local y en una visión de seguridad centrada en el ciudadano, ha captado la atención nacional.
Enrique Vargas ha sostenido una oposición frontal a la creciente militarización de la seguridad pública. En tribuna, advirtió que delegar por completo el control de la seguridad a la Secretaría de la Defensa Nacional es un error estratégico que pone en riesgo la cercanía y eficacia que solo los cuerpos civiles pueden garantizar.
“Los soldados no están preparados para ser policías de barrio”, sentenció el legislador mexiquense, al recalcar que la seguridad debe comenzar desde lo local, con policías capacitados, bien pagados y cercanos a la comunidad.
Su crítica no ha sido aislada. Con cifras contundentes, Vargas del Villar ha recordado que durante la actual administración se han registrado más de 200 mil homicidios y 50 mil desapariciones, y que un policía es asesinado todos los días, sin que la estrategia militarizada logre contener la violencia.
Desde el Senado, el también exdiputado local ha sostenido que la Guardia Nacional, por sí sola, no podrá enfrentar el complejo panorama de inseguridad que vive México. Su propuesta: invertir decididamente en las policías municipales y estatales, con coordinación efectiva entre los tres niveles de gobierno y sin que la seguridad pública quede rehén de decisiones centralistas o intereses partidistas.
En la reciente aprobación en comisiones del proyecto de decreto que da un nuevo marco legal a la Guardia Nacional —con 14 votos a favor y 6 en contra—, Enrique Vargas fue una de las voces más claras en rechazo. No solo cuestionó la eficacia del modelo actual, sino que también apeló a la legalidad y los derechos humanos, recordando que la propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha urgido al Estado mexicano a retirar progresivamente a las Fuerzas Armadas de las tareas de seguridad pública.
“La militarización no es la salida. Es un atajo peligroso que ya ha demostrado su fracaso”, expresó el senador en una de sus más enérgicas intervenciones.
