Gentrificación, CDMX y el Mundo

Ricardo_Peralta

Por: Ricardo Peralta

La Ciudad de México, epicentro cultural y económico del país, atraviesa una transformación urbana marcada por la gentrificación. Barrios emblemáticos como Roma, Condesa, Juárez y Polanco, antaño cunas de diversidad social, se reconfiguran bajo la presión de nómadas digitales, capital extranjero y desarrollos inmobiliarios de lujo. Según datos de inmobiliarias, las rentas en Condesa escalaron de 16,000 pesos en 2021 a 26,000 pesos en 2023, un salto del 60% que expulsa a residentes históricos hacia periferias con servicios deficientes. Este fenómeno, amplificado por plataformas digitales de renta a corto plazo, desafía el derecho a la vivienda digna, consagrado en el Artículo 4 de la Constitución. Sin embargo, la gentrificación no es unidireccional: revitaliza áreas olvidadas, atrae inversión y genera empleos. Las aplicaciones de hospedaje aportan confianza, calidad y seguridad, empoderan a pequeños anfitriones y contribuyen fiscalmente con impuestos como el 3% por hospedaje. El reto es claro: equilibrar progreso con inclusión, especialmente para los jóvenes, quienes, según el INEGI, recurren masivamente a compartir hogares con “roomies” para mitigar costos y tejer lazos comunitarios.

Este proceso trasciende la capital. En Guadalajara, colonias como Americana y Chapultepec enfrentan alzas de renta del 40% en cinco años, desplazando familias ante la proliferación de cafés y coworkings. En Monterrey, Barrio Antiguo ve cómo desarrollos de lujo reemplazan casas tradicionales, con precios que subieron 30% desde 2020. Querétaro, en su Centro Histórico, sufre presiones similares por condominios de alta gama. Estas ciudades reflejan un patrón global: la gentrificación reconfigura espacios urbanos, marginando a comunidades vulnerables mientras impulsa economías locales. La Ciudad de México, con su rol histórico como imán de migrantes en busca de oportunidades, enfrenta una presión demográfica agravada. Desde los años 80, consolidó su centralidad, pero entre 2018 y 2024, una percepción de mayor seguridad —con una caída del 20% en delitos graves, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública— atrajo más población de estados como Guerrero, Oaxaca y Chiapas, saturando el mercado inmobiliario.

A nivel mundial, la gentrificación sigue trayectorias paralelas. Berlín intentó un tope de alquileres para frenar desplazamientos, anulado judicialmente en 2021. Barcelona reguló rentas turísticas y priorizó vivienda social, reduciendo la presión en barrios como El Raval. Nueva York aplicó zonificación inclusiva en Brooklyn, aunque con retrasos que limitaron su impacto. Bogotá, en Chapinero, integró a residentes mediante planificación participativa, preservando redes sociales. Estas experiencias subrayan la necesidad de políticas que combinen desarrollo, inclusión y comunidad, respaldadas por marcos legales robustos. En México, la crisis habitacional es alarmante: la Encuesta Nacional de Vivienda (ENVI) 2020 reporta un déficit de 8.2 millones de viviendas, con 3.1 millones de hogares en apuros económicos. ONU-Habitat señala que el 38.4% de la población vive en condiciones precarias. En la Ciudad de México, el Censo 2020 revela que el 75% de quienes necesitan vivienda poseen terreno, pero carecen de recursos para construir. Hacinamiento, pobreza y desempleo, especialmente en colonias marginadas y zonas rurales de Chiapas o Tabasco, no solo perpetúan la exclusión, sino que alimentan inseguridad y violencia, erosionando la cohesión social.

Bajo el liderazgo de la doctora Claudia Sheinbaum, el gobierno federal ha hecho de la vivienda un pilar de justicia social. Su Programa de Vivienda y Regularización proyecta construir 1.1 millones de viviendas en el sexenio, con una inversión de 600,000 millones de pesos. De estas, 600,000 serán gestionadas por Infonavit y 500,000 por Conavi, priorizando a jóvenes, mujeres jefas de familia y comunidades indígenas. Para 2025, se edificarán 180,000 unidades, 100,000 destinadas a renta asequible para jóvenes de 18 a 30 años, con créditos a tasa cero y pagos que no excedan el 30% de sus ingresos. Estas viviendas integrarán áreas verdes y espacios culturales para fomentar la convivencia. El programa también regularizará 1 millón de escrituras y priorizará ubicaciones bien conectadas, evitando el abandono de 650,000 casas por su aislamiento. En la capital, el gobierno local destinó 9,000 millones de pesos en 2025 para 5,000 viviendas en renta y rehabilitación, pero la demanda, que alcanza cientos de miles de unidades, exige mayor escala.

La Ciudad de México enfrenta retos multidimensionales: agua, transporte, residuos y seguridad. La gentrificación no debe enfrentarse con violencia, como las protestas contra nómadas digitales o negocios, que fracturan comunidades. Las soluciones deben ser estructurales: regular plataformas digitales, establecer topes de renta, reservar suelo para vivienda social y promover la participación ciudadana. El compromiso debe ser claro: empoderar a los jóvenes y proteger a los vulnerables no implica detener el desarrollo, sino construir ciudades inclusivas. Las propuestas clave incluyen: 1) Regular rentas y aplicaciones digitales para frenar alzas especulativas; 2) Exigir vivienda social en nuevos desarrollos, con supervisión estricta; 3) Adquirir terrenos para vivienda asequible; 4) Involucrar a comunidades en la planeación urbana para preservar su identidad; 5) Ampliar programas de Infonavit para autoconstrucción y espacios colectivos, priorizando a grupos vulnerables.

La gentrificación, si se aborda con visión, puede ser una oportunidad. No se trata de rechazar el cambio, sino de encauzarlo hacia ciudades justas donde el derecho a la vivienda y el sentido de comunidad sean realidades tangibles. Los jóvenes, que imaginan su futuro en el corazón de la ciudad, merecen políticas que les permitan arraigarse sin sacrificar su identidad ni su pertenencia. La Ciudad de México, como otras urbes del mundo, está en una encrucijada: puede ser un modelo de inclusión o un reflejo de desigualdad. La elección depende de las decisiones que tomemos hoy.