El hombre que vivió enterrado 61 días
La historia de Mick Meany enterrado vivo sigue sorprendiendo décadas después de ocurrir. El irlandés pasó 61 días bajo tierra dentro de un ataúd como parte de un desafío público que buscó romper un récord mundial y cambiar su destino personal. El hecho ocurrió en 1968, en Londres, y atrajo la atención de medios internacionales por lo extremo y perturbador del reto.
Meany, originario de Tipperary, Irlanda, emigró a Inglaterra tras la Segunda Guerra Mundial para trabajar en la construcción. Soñó con ser boxeador profesional, pero una lesión en una mano frustró esa aspiración. Sin estudios ni perspectivas claras, buscó una alternativa que le permitiera alcanzar fama y estabilidad económica. En ese contexto, surgió la idea de superar el récord de tiempo enterrado vivo, una práctica que formó parte de espectáculos de resistencia popularizados en el siglo XX.
Un reto planeado como espectáculo
El entierro de Mick Meany no ocurrió por error ni accidente. Se trató de un evento planeado y promovido como espectáculo público. El 21 de febrero de 1968, tras una “última cena” en un pub del barrio londinense de Kilburn, Meany ingresó a un ataúd diseñado especialmente para el reto. El féretro medía casi dos metros, incluía revestimiento interno y contaba con sistemas básicos para sobrevivir bajo tierra.
El ataúd quedó sepultado a más de dos metros de profundidad. Dos tubos de hierro permitían la entrada de aire, el paso de alimentos, bebidas, libros y periódicos. También instaló un sistema rudimentario para desechos. Durante su encierro, mantuvo contacto con el exterior mediante un teléfono conectado al pub que organizó el evento. Además, visitantes podían pagar para hablar con él, lo que ayudó a financiar el desafío.
La prensa internacional cubrió el entierro durante las primeras semanas. Sin embargo, con el paso del tiempo, otros acontecimientos mundiales desplazaron la atención mediática. Aun así, el evento continuó y Meany permaneció bajo tierra mucho más allá de los 46 días necesarios para romper el récord vigente.
Regreso, decepción y legado
El 22 de abril de 1968, tras 61 días enterrado, Meany regresó a la superficie frente a una multitud. Salió con barba, gafas oscuras y signos evidentes del encierro, pero con un estado de salud estable según los exámenes médicos. En ese momento, creyó haber alcanzado la fama que siempre buscó.

No obstante, las promesas de una gira internacional y una recompensa económica nunca se cumplieron. Regresó a Irlanda sin dinero y sin el reconocimiento oficial del Guinness World Records, ya que ningún representante certificó el reto. Meses después, otra persona superó su marca, lo que relegó su hazaña al olvido.
A pesar de ello, la historia no desapareció. Décadas más tarde, un documental rescató su experiencia y volvió a poner el foco en una de las proezas más extremas del siglo pasado. Hoy, el caso de Mick Meany permanece como testimonio de hasta dónde puede llegar una persona en busca de reconocimiento.
