Parásito ocular pone en riesgo la visión

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La queratitis por Acanthamoeba es una enfermedad parasitaria ocular poco frecuente pero potencialmente devastadora que puede causar pérdida permanente de la visión e incluso ceguera. Afecta principalmente a personas que usan lentes de contacto y, aunque suele confundirse con infecciones más comunes, requiere un diagnóstico oportuno y un tratamiento especializado para evitar daños irreversibles en la córnea.

Este padecimiento ocurre cuando un microorganismo unicelular llamado Acanthamoeba entra en contacto con la superficie del ojo y logra adherirse a la córnea. El riesgo aumenta cuando existen microlesiones causadas por el uso de lentes de contacto, especialmente si estos se exponen al agua durante actividades cotidianas como ducharse, nadar o lavarse las manos sin una higiene adecuada.

Cómo se origina y por qué afecta a usuarios de lentes

La Acanthamoeba vive de forma natural en el agua, el suelo y el polvo. Aunque no necesita un huésped para sobrevivir, puede aprovechar condiciones favorables para invadir el ojo. El uso de lentes de contacto crea ese entorno, ya que puede generar pequeñas abrasiones en la córnea y facilitar que el parásito quede atrapado entre el lente y el ojo.

Estudios recientes estiman que entre 85 % y 95 % de los casos diagnosticados corresponden a usuarios de lentes de contacto. El riesgo aumenta cuando las personas utilizan agua del grifo para limpiar los lentes o el estuche, reutilizan soluciones, duermen con los lentes puestos o prolongan su uso más allá del tiempo recomendado.

Al inicio, los síntomas suelen parecer inofensivos. Entre ellos destacan visión borrosa, dolor ocular persistente, sensibilidad extrema a la luz, enrojecimiento, sensación de cuerpo extraño y lagrimeo excesivo. Sin embargo, con el paso de los días, el dolor puede intensificarse y extenderse a la cabeza, mientras el parásito continúa dañando el tejido corneal.

Dificultades en el diagnóstico y consecuencias

Uno de los principales retos de esta enfermedad radica en su diagnóstico. Debido a su baja frecuencia, muchos profesionales de la salud visual no la identifican en etapas tempranas. Con frecuencia, los pacientes reciben diagnósticos erróneos como conjuntivitis o queratitis viral, lo que retrasa el tratamiento adecuado.

Mientras tanto, el parásito continúa destruyendo la córnea. En casos avanzados, la infección provoca cicatrices profundas, pérdida significativa de la visión y, en situaciones extremas, la necesidad de un trasplante de córnea. Además, el tratamiento suele ser largo, doloroso y puede extenderse durante meses o incluso años.

Los especialistas subrayan que la prevención resulta clave. Recomiendan lavar y secar bien las manos antes de manipular los lentes, usar únicamente soluciones comerciales o prescritas, cambiar diariamente el líquido del estuche y evitar cualquier contacto de los lentes con agua. Asimismo, sugieren no dormir con lentes de contacto y considerar el uso de lentes desechables diarios para reducir riesgos.

Ante cualquier síntoma persistente, especialmente después de una exposición al agua con lentes puestos, los expertos aconsejan acudir de inmediato a un oftalmólogo o especialista en córnea. Un reconocimiento temprano puede marcar la diferencia entre conservar la visión o enfrentar secuelas permanentes.