Osteoartritis afecta a millones en México

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El frío intensifica síntomas y riesgos

La osteoartritis en México representa uno de los principales retos de salud pública, al afectar a cerca del 60 % de la población en distintos grados, de acuerdo con especialistas. Esta enfermedad crónico-degenerativa impacta de forma directa la movilidad y la calidad de vida, además de que sus síntomas suelen agravarse durante la temporada de frío, cuando bajan las temperaturas en gran parte del país.

Especialistas en traumatología explican que la osteoartritis, también conocida como osteoartrosis, daña las articulaciones debido al desgaste progresivo del cartílago, el tejido que protege a los huesos. Con el paso del tiempo, este deterioro provoca dolor constante, rigidez, inflamación y, en etapas avanzadas, fricción directa entre los huesos.

Las zonas del cuerpo que presentan mayor afectación incluyen manos, rodillas, caderas y columna vertebral. Aunque durante años se vinculó principalmente con la vejez, hoy se diagnostica con mayor frecuencia en personas jóvenes, lo que responde a factores genéticos, hormonales y a estilos de vida poco saludables.

El impacto de la enfermedad no se distribuye de forma equitativa. De acuerdo con los especialistas, las mujeres presentan una mayor incidencia, con una proporción aproximada de tres casos por cada uno en hombres. A nivel mundial, seis de cada diez personas con este padecimiento son mujeres, sobre todo mayores de 55 años.

Factores de riesgo y cuidados necesarios

Entre los factores que elevan el riesgo de desarrollar osteoartritis destacan los cambios hormonales después de los 40 años, especialmente la disminución de estrógenos, que debilita la estructura ósea y favorece el daño del cartílago. A esto se suman la predisposición genética, el uso frecuente de calzado inadecuado, como tacones altos, y el sobrepeso.

La obesidad ocupa un lugar relevante dentro de estos factores. El exceso de peso incrementa la carga sobre las articulaciones, sobre todo en rodillas y caderas, lo que acelera el desgaste del cartílago. En un país con altos índices de obesidad, esta condición se convierte en un detonante clave para el desarrollo temprano de la enfermedad.

Durante el invierno, los síntomas suelen intensificarse. Las bajas temperaturas generan mayor rigidez articular y aumentan la percepción del dolor. Además, el frío modifica la consistencia del líquido sinovial, encargado de lubricar las articulaciones, lo que dificulta el movimiento. También se presenta tensión muscular y disminución del flujo sanguíneo, mientras que los cambios de presión atmosférica pueden agravar las molestias.

Ante este escenario, los especialistas recomiendan no suspender la actividad física. Mantener el cuerpo en movimiento ayuda a conservar la movilidad articular y reduce la rigidez, aunque exista dolor. Asimismo, aconsejan abrigarse adecuadamente y recurrir a terapias de calor local, como compresas o baños calientes, para mejorar la circulación.

A pesar de estas recomendaciones, solo una minoría de los pacientes mantiene de forma constante los cuidados necesarios. Por ello, los expertos subrayan la importancia de la prevención desde edades tempranas, con una alimentación equilibrada, control del peso y ejercicio regular, con el objetivo de llegar a la vejez con mayor independencia y movilidad.