El precios de los alimentos registra aumentos significativos en todo el mundo debido al impacto del clima extremo asociado al cambio climático, de acuerdo con un estudio internacional reciente. La investigación advierte que fenómenos como olas de calor, sequías prolongadas e inundaciones intensas alteran la producción agrícola y presionan los mercados en plazos cada vez más cortos.
El análisis, encabezado por el investigador Maximillian Kotz, del Centro de Supercomputación de Barcelona, examinó 16 casos en 18 países donde los precios de productos básicos aumentaron de forma abrupta entre 2022 y 2024. A diferencia de estudios previos, este trabajo se centró en impactos inmediatos y no solo en tendencias de largo plazo.
Impactos directos en productos básicos
Los investigadores documentaron aumentos relevantes en distintos continentes. En Corea del Sur, por ejemplo, el precio de la col subió 70 % en septiembre de 2024 frente al mismo mes del año anterior, tras una ola de calor registrada en agosto. En Japón, el arroz alcanzó un incremento del 48 % en septiembre de 2024 luego de un verano que marcó temperaturas sin precedentes desde que existen registros regionales.
En Europa, el aceite de oliva mostró un aumento cercano al 50 % en enero de 2024 respecto al año previo. Este repunte ocurrió después de una sequía prolongada en Italia y España entre 2022 y 2023. Al mismo tiempo, México enfrentó una de las sequías más severas de la última década, situación que impulsó al alza los precios de frutas y verduras en el mercado interno.
El estudio también destacó el caso del cacao. Ghana y Costa de Marfil concentran cerca del 60 % de la producción mundial. Una ola de calor registrada a inicios de 2024, intensificada por el calentamiento global, provocó un aumento de 280 % en los precios internacionales del cacao en abril de ese año. Este incremento impactó de manera directa en la industria alimentaria y en los consumidores finales.
Riesgos sociales y económicos
Además del efecto inmediato en el bolsillo, los autores señalaron consecuencias sociales más amplias. Los alimentos nutritivos suelen tener precios más altos que las alternativas ultraprocesadas. Por lo tanto, cuando los costos suben, los hogares con menores ingresos tienden a reducir el consumo de frutas y verduras. Esta dinámica puede derivar, con el tiempo, en problemas de salud como desnutrición, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
Asimismo, el encarecimiento de los alimentos contribuye a la inflación general. Según el estudio, este fenómeno puede intensificar la inestabilidad política y la tensión social, especialmente en contextos donde ya existen presiones económicas o conflictos comerciales. Expertos externos subrayaron que la volatilidad climática se suma a un escenario global marcado por disputas geopolíticas y restricciones al comercio.
Los autores concluyeron que, mientras no se alcancen emisiones netas cero, los eventos climáticos extremos continuarán agravándose y seguirán dañando los cultivos. En consecuencia, el impacto sobre los mercados alimentarios persistirá y afectará a consumidores de todas las regiones.
