Chile y la usencia del relato en la izquierda

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Por: Antonio López

La memoria juega un papel importante para cualquier sociedad, esa memoria nos permite, antes que nada, poner un freno al poder; cuando compartimos recuerdos como sociedad, estamos alerta ante posibles abusos, en México, por ejemplo, nuestra memoria colectiva todavía nos advierte a prestar atención cuando nace algún movimiento estudiantil y la reacción que pueden tener los gobiernos de todos los órdenes, para nosotros, todavía es necesario solidarizarnos con las juventudes estudiantiles o, cuando menos, dar seguimiento para denunciar posibles abusos.
Sin embargo, en nuestra actual sociedad de la información la memoria colectiva se está perdiendo, nuestra existencia ya no es histórica, se pierde en la inmediatez de la información, es decir, empezamos a olvidar los acontecimientos del pasado, sus repercusiones colectivas y las consecuencias de permitir o votar a favor de ciertas opciones: Chile nos acaba de dar el mejor ejemplo de ello.
El pasado domingo los chilenos votaron a favor de un candidato de ultra derecha, hijo de un militante del ejército nazi y seguidor del dictador Augusto Pinochet: José Antonio Kats. Durante su campaña se pronunció en contra del aborto, de los inmigrantes, a favor de la reducción del Estado y en materia de seguridad pública se pronunció por dar más atribuciones a las Fuerzas Armadas. Nada nuevo en la agenda de un político que se asume como de derecha y fiel a sus creencias como defensor del proyecto de Pinochet, pero ¿cómo explicamos ese resultado?
El primer paso: la decepción
El gobierno de Gabriel Boric nació con grandes expectativas, después de las movilizaciones contra de las políticas neoliberales implementadas por Sebastián Piñeira, los chilenos tuvieron la esperanza de incluso modificar su Constitución, pero poco a poco las expectativas se fueron diluyendo, algunos datos bastarán para exponer esa decepción.
Según el Informe Latinobarómetro del 2024, Chile fue el país con menores expectativas con respecto a la economía del país, sólo 30% de los encuestados se mostraron optimistas por el futuro económico de su país. Esto contrasta notablemente con el resto de América Latina, pues el promedio de la región fue de 52% de optimismo con respecto al mejoramiento económico; los países más optimistas fueron: República Dominicana y Panamá que alcanzaron 74% cada uno.
A pesar del pesimismo en materia económica, para los chilenos hubo un problema todavía más grave: la inseguridad, 46% de los encuestados por Latinobarómetro señalaron que era el principal problema de su país. También fueron uno de los países que menor satisfacción con la vida reportaron, sólo 71% reportó estar “Muy o Bastante” satisfecho. Por último, los chilenos tampoco percibían un progreso en su país, sólo el 19% respondió que estaban progresando, contrastando notablemente con el 72% que reportó El Salvador o el 45% que reportó México.
Segundo paso: el crecimiento de la derecha
Hay quien dice que las categorías de izquierda-derecha explican cada vez menos la realidad de la política actual, yo difiero de ello, esas categorías siguen siendo una guía para entender la forma en la que se ejerce el voto y las políticas públicas que adoptan los Estados-nación, incluso sirven para entender el apoyo que una sociedad da a la democracia o, por el contrario, su tendencia hacia el autoritarismo. En ese rubro, el 40% de los chilenos respondió que no importaría un gobierno que no es democrático llegara al poder, siempre y cuando resolviera los problemas del país.
Aquí un primer indicador que advertía que la decepción de los chilenos podría llevarlos hacía una opción que prometiera resolver sus problemas. Otra pregunta que llama la atención es ¿cuánto cambio quieren las sociedades?, y Chile fue el segundo país, después de Argentina en señalar que necesitaban una reforma profunda, con un 44% de chilenos que apoyaban esa opción.
Por último, aunque mínima, la diferencia de chilenos que se ubican a la izquierda o a la derecha ya mostraba un aumento de los últimos con un 18% de respuestas, en contraste con 17% que se ubican a la izquierda. Aquí vale la pena señalar, México es el país que más se reconoció como de izquierda con un 44%.
Tercer paso: la ausencia del relato de izquierda
Lo último que explica el crecimiento y el triunfo de la derecha es la ausencia de un relato de izquierda que pueda vender futuro sin dejar de explicar las consecuencias que tiene el voto por la extrema derecha, en ese sentido, José Antonio Kats logró articular la decepción de los chilenos, aprovechando el corrimiento a la derecha de América del sur y consiguió vender un relato en donde los crímenes del pinochetismo quedaron en el olvido, no hubo memoria capaz de recordarles los miles de desaparecidos, el dolor de familias separadas e infancias destrozadas.
En esta época de crisis de la narración y posverdad, la elección chilena nos recuerda que la memoria de un pueblo, el relato que nos contamos sobre nosotros como país y el relato que se articula con esos elementos para vender un futuro son armas indispensables para hacerle frente a la derecha. Debemos recordar que la posverdad no sólo es la difusión de mentiras, es la subordinación de la verdad a relatos que buscan transformar la manera en la que entendemos el mundo, olvidarlo nos pone de frente a la extrema derecha y esa corriente jamás ha convivido con la izquierda, bien haríamos en no olvidarnos de ello.

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