El verdadero precio del éxito turístico

Irene Muñoz

Por: Irene Muñoz.

Mientras buena parte del mundo sigue atrapada en la conversación sobre inflación, conflictos geopolíticos y desaceleración económica, hay un sector que, silenciosamente, vuelve a tomar fuerza como uno de los motores más robustos de la economía global: el turismo. En 2025, viajar dejó de ser únicamente una expresión de ocio para convertirse, una vez más, en un termómetro económico y ser una palanca estratégica de crecimiento.

Los datos son contundentes. De acuerdo con ONU Turismo, las llegadas internacionales ya superan los niveles previos a la pandemia, con un crecimiento cercano al 5 % anual. No se trata solo de volumen, el gasto turístico ha crecido incluso más rápido que el número de viajeros, impulsado por estancias más largas, experiencias de mayor valor y un turismo cada vez más segmentado.

En paralelo, el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) estima que el sector aportará más de 11.7 billones de dólares al PIB global y sostendrá alrededor de 371 millones de empleos en el mundo.  Pocas industrias tienen hoy un impacto tan transversal y directo sobre empleo, divisas y consumo interno.

Sin embargo, este auge no ocurre en un vacío. El turismo crece en un contexto marcado por tensiones geopolíticas persistentes, políticas migratorias más restrictivas y una competencia feroz entre destinos. Viajar es más deseado que nunca, pero también más complejo. Y es ahí donde los megaeventos, en particular el Mundial de Futbol FIFA 2026, se convierten en catalizadores de oportunidades y por supuesto de tensiones.

La contienda futbolística ha acelerado dinámicas que ya estaban latentes como es la presión sobre la oferta hotelera, la generación de incrementos abruptos de precios; y un reordenamiento del mercado turístico urbano. En México, y en específico en la Ciudad de México, el fenómeno ha sido especialmente visible a partir del incremento exponencial es una señal precisa sobre la existencia de una demanda extraordinaria, pero también es un recordatorio incómodo de los riesgos de dejar que el mercado opere sin una estrategia clara. El turismo puede detonar crecimiento, sí, pero mal gestionado puede erosionar reputación, accesibilidad y cohesión social.

México, llega a este momento con fortalezas innegables. En 2025 se consolidó entre los países más visitados del mundo con más de 70 millones de visitantes internacionales y un crecimiento sostenido en divisas turísticas. El sector se ha convertido en uno de los principales generadores de empleo y en un amortiguador clave frente a la volatilidad económica global. Además, la inversión hotelera y de infraestructura turística sigue fluyendo, atraída por un mercado sólido y una marca país que, pese a los desafíos y falta de actualización, conserva una enorme capacidad de seducción.

Sin embargo, es precisamente por eso, que el contexto exige algo más que celebrar récords, exige gobernanza. El turismo de 2025 ya no se mide solo en llegadas o en ocupación hotelera, sino en su capacidad para generar valor compartido, evitar distorsiones y dejar legado. La conversación global ya no es si el turismo crece, sino cómo crece, para quépara quién.

Aquí es donde México enfrenta simultáneamente un reto y una oportunidad histórica. El Mundial FIFA 2026 puede consolidar al país como una potencia turística madura o exhibir las debilidades estructurales de su modelo de gestión de destinos. El desafío no es contener la demanda, que es legítima y global, sino ordenarla, regularla y distribuir mejor sus beneficios. Esto implica acciones claras y urgentes como lo son la planeación anticipada de la capacidad de alojamiento con reglas transparentes; esquemas de precios responsables que eviten burbujas especulativas; inversión acelerada en movilidad, seguridad y servicios urbanos; y, sobre todo, una gobernanza turística profesional que articule al sector público y privado con visión de largo plazo.

Si México logra convertir el auge coyuntural en infraestructura, reputación internacional y competitidad sostenible, el turismo no solo será uno de los motores económicos de 2025 y 2026, sino un activo estratégico para las próximas décadas. El verdadero éxito no estará en llenar hoteles durante un mes de Mundial, sino en construir destinos que sigan siendo atractivos, accesibles y rentables mucho después del último silbatazo y entendiendo que la promoción turística es esencial. Hoy el Mundial FIFA 2026 es la mejor promoción turística del destino, pero al apagar las luces deberemos tener el conocimiento y madurez para entender que sostenerse requiere de estrategia, inversión y posicionamiento.

 

Las opiniones expresadas en este artículo son exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura editorial de Cadena Politica. El contenido ha sido publicado con fines informativos y en ejercicio de la libertad de expresión.