Paz y Reconciliación Sacerdotes y Templos, Bajo Fuego por el Narco
Por: Luis Vega
Durante la Guerra Cristera (1926-34) se estima que fueron asesinos 40 sacerdotes católicos, y en los últimos 3 sexenios, a causa de la violencia, han muerto 46 sacerdotes.
No obstante que los sacerdotes (bajo clero) han sido actores muy importantes en los movimientos sociales en el país, México es hoy uno de los países católicos más peligrosos para ejercer el ministerio sacerdotal.
El pasado 22 de agosto la ONU festejó el Día Internacional de las Víctimas de Violencia Religiosa, uno de los diagnósticos que se hacen es que ministros de todos los credos, cristianos, judíos y todos aquellos que tiene una expresión de fe, viven con “el Jesús en la boca” ante la inoperancia del gobierno frente a los grupos delincuenciales.
Los curas, padrecitos o sacerdotes en México se han convertido en blanco de la delincuencia organizada. Son varias las causas: Extorsión y robo, denuncia social y por no colaborar.
El Centro Católico Multimedial estima que el 80% de los casos que se han detectado, detrás del asesinato de un sacerdote, está la mano del crimen organizado.
Esta organización de la Iglesia Católica asegura que durante estos años se han detectado alrededor de 800 extorsiones y amenazas de muerte a sacerdotes. “El asesinato contra un sacerdote es algo muy tremendo, con mucha saña. Otro de los puntos contra nosotros es la difamación”, dice el Padre Omar Sotelo.
La delincuencia y en particular el narcotráfico ha penetrado en todos los ámbitos de la vida pública y privada: ni los templos ni los atrios, ni los ministros de culto o cualquier símbolo de fe y refugio espiritual, son respetados.
La noche del 17 de agosto pasado en Celaya, un hombre armado abrió fuego en el atrio de la Parroquia de San Antonio de Padua, en Infonavit Malanquín, durante la celebración en honor a la Virgen de San Juan de los Lagos. La fiesta, que reunía familias y niños, se convirtió en escena de terror: dos muertos y 19 heridos fue el saldo de la agresión.
Frente a esta realidad, la jerarquía de la Iglesia Católica hace un llamado a no ceder al miedo, a trabajar juntos por la paz y la justicia. Pero también interpela a toda la sociedad mexicana: si los lugares sagrados se han vuelto campos de batalla, ¿qué queda aún por proteger?
En la semana que terminó, un medio de comunicación planteaba: Si matan a un sacerdote, pueden matar a cualquier persona. El narco no tiene límites.
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