Concentrar nuestra energía social en temas como la pobreza

Por: Salomón Rosas Ramírez
Los temas que parecen trascendentes y que son los que ocupan la mayor parte de la atención de sociedad son, por desgracia, aquellos que tienen que ver con los escándalos. Los que se llevan el famoso “raiting”son los temas que se ocupan de los casos de corrupción, excesos de políticos, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito, anomalías administrativas, vinculaciones con el crimen organizado, nepotismo y participación indebida de parientes directos e indirectos de la clase política, entre otros, y son los que hacen más ruido y son a los que se les dedica más tiempo en el ámbito público. Los temas que conforman la llamada agenda mediática son los que se privilegian y se hacen de interés nacional dada la amplitud e intensidad de su difusión tanto por los medios tradicionales de la televisión y de la radio como por las redes sociales, y es así que en las mesas de café, en los hogares, en las oficinas privadas y públicas, en los grupos de whatsapp, etcétera, se comenta con profusión sobre los viajes de políticos, destinos, costos, asientos de primera clase, marcas de ropa y de zapatos, relojes y congruencias o incongruencias con declaraciones patrimoniales, acompañantes, preferencias sexuales, esposas o esposos, amantes, y muchas otras cosas que no dejan de ser parte de un contexto que caracteriza el ejercicio de libertades democráticas que hemos conquistado como sociedad a lo largo de muchos años en México. Sin duda, hay que felicitarnos por tener esos derechos y libertades y ejercerlas al máximo, qué bueno que con la denuncia y la sobreexposición de esos asuntos se contribuya a enmendar y/o corregir prácticas nocivas que dañan el servicio público. Sin embargo, lo que parece en muchas ocasiones es que sólo se trata de un golpeteo entre políticos y pareciera que en el fondo a la sociedad ya nada le sorprende porque al final no es algo que tenga que ver con su entorno cotidiano o con el desarrollo de su vida regular, de su día con día. Por razones, tal vez de cultura política, en México tendemos mucho a socializar y magnificar la información concerniente a escándalos y poco o nada nos detenemos a analizar y valorar aquella que tiene que ver con temas que, por su importancia e impacto, opino, debieran ser nuestra prioridad. Coincidiendo en que todos los temas son legítimos, propongo que también coincidamos que hay otros temas que, desde mi punto de vista, resultan también verdaderamente relevantes y uno de ellos es el de la pobreza. Por tanto, concentrar nuestra energía social en los temas que tienen que ver con la pobreza por encima de los escándalos me parece que puede ser una práctica más provechosa para la nación.
En ese sentido, saber que el 17 de julio de este año entró en vigor la obligación para que el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) realizara por primera vez la medición de la pobreza multidimensional y que el 13 de agosto -hace apenas diez días- publicó sus resultados debiera ocupar nuestra atención y concentrar nuestra energía social en su análisis y compartimiento. Algunos de los resultados son los siguientes: Entre 2022 y 2024, la población en situación de pobreza multidimensional pasó de 46.8 a 38.5 millones: la disminución fue de 8.3 millones de personas. La población en situación de pobreza extrema se redujo de 9.1 a 7.0 millones. Para entender un poco y socializar cuestiones de fondo de este tema tan relevante para la sociedad mexicana habrá que decir que según la definición del INEGI “la población en situación de pobreza multidimensional es aquella cuyos ingresos son insuficientes para adquirir los bienes y los servicios que requiere para satisfacer sus necesidades y no tiene garantizado el acceso a alguno de los derechos sociales de educación, salud, seguridad social, vivienda y alimentación. Para identificar a la población en situación de pobreza multidimensional se considera a quienes presentan carencia en al menos uno de los seis indicadores —rezago educativo, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación nutritiva y de calidad— y tienen un ingreso inferior a las líneas de pobreza, según ámbito rural y urbano”.
La pregunta es porqué o gracias a qué sucedió lo que parecía imposible. La Presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo desde Ecatepec, Estado de México, al declarar que “durante 40 años no había disminuido realmente la pobreza en nuestro país; al contrario, se incrementó, es decir, ahora las personas viven con mayor bienestar”, afirmó. Y sostuvo que “el cambio de modelo de desarrollo en México se centró en el aumento histórico del salario mínimo, que duplicó su valor en seis años sin provocar inflación y elevó el salario medio del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) a su máximo nivel”; también, subrayó, “la creación y consolidación de programas de bienestar universales, como la pensión para adultos mayores, las becas para estudiantes, así como la inversión pública en infraestructura estratégica (Tren Maya, corredor interoceánico) y el impulso de la inversión privada que generó récord de empleo formal y de inversión extranjera”. Los argumentos y los hechos ahí están en torno a un asunto verdaderamente trascendente para nuestra nación como lo es la pobreza. La Presidenta sostiene que “ahora el Estado cumple con su obligación de garantizar derechos y bienestar” por lo cual propongo que concentremos más nuestra energía social a este tema de la pobreza por encima de los escándalos porque estimo puede ser más redituable para todos (reitero, sin dejar de ejercer nuestros derechos y libertades). Al caso recordar las palabras de la filósofa francesa, Simone de Beauvoir: “Que nada nos limite. Que nada nos defina. Que nada nos sujete. Que la libertad sea nuestra propia sustancia”.
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