Tala y desarrollos irregulares ponen en peligro el Bosque de Agua

 

Uno de los acuíferos más importantes de México es el Bosque de Agua, no solo por ser una de las zonas boscosas con mayor diversidad en flora y fauna del país, sino también por ser una enorme red de distribución natural de agua potable.

Sin embargo, su capacidad para suministrar el líquido al Valle de México están seriamente amenazadas por el desarrollo irregular, prácticas agrícolas contaminantes y tala clandestina.

El Bosque de Agua tiene ​​una extensión de 250 mil hectáreas, se extiende desde el Tepozteco, la Sierra del Chichinautzin y las Lagunas de Zempoala, hasta el Ajusco, el Desierto de los Leones y la Sierra de las Cruces y se ubica entre la Ciudad de México, Toluca y Cuernavaca, las cuales enfrentan un creciente déficit hídrico y se abastecen principalmente de esta importante e inmensa región boscosa.

Tan solo en la capital y su zona conurbada, habitan más de 22 millones de personas y el consumo per cápita de agua es el más alto a nivel mundial con 300 litros al día, lo que hace cada día más difícil abastecer a todos los habitantes de este valioso recurso hídrico.

Tal es su relevancia que, del 100% del agua que se utiliza en estas regiones, el 70% se extrae de esta reserva y el 30% se bombea a través del Sistema Lerma-Cutzamala, de acuerdo con datos de Oxfam México.

Al absorber el agua, esta extensión de bosque la almacena para que posteriormente se perfore y se extraiga para el consumo habitual en las zonas conurbadas del centro del país; mientras que el agua de lluvia que cae en el bosque se infiltra en el suelo, reponiendo el acuífero.

Además, es cabecera de cuatro cuencas y salvaguarda el ciclo del agua conectado a dos de los ríos más grandes del país, el Lerma y el Balsas, además de que alimenta a 10 acuíferos en donde se desarrollan las actividades económicas que generan cerca del 30% del PIB del país.

No obstante, está en vías de sufrir daños irreversibles por la falta de mantenimiento de las infraestructuras hidráulicas, las fugas- donde se pierde el 40% del agua-, la tala ilegal, así como el crecimiento urbano desordenado, lo que ha provocado la reducción de 40% de esta zona boscosa en los últimos 30 años.

Por cada metro cuadrado de nuevas viviendas irregulares y pavimento están reduciendo la superficie de infiltración de agua de lluvia y se dejan de infiltrar cerca 1,500 litros de agua, lo que representa menos disponibilidad de agua que extraer del acuífero para llevar a la ciudad y que podría llevar a una mayor escasez de este recurso.

Por esa razón, a través de redes sociales, se unieron con el hashtag #SalvemosElBosqueDeAgua para pedir a los candidatos a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México una propuesta enfocada en proteger esta zona boscosa y que se atienda esta problemática para acabar con la tala ilegal y los desarrollos irregulares, así evitar quedarnos sin esta fuente importante de agua.

Cabe mencionar que el Valle de México enfrenta una escasez de agua debido a varios factores que tienen responsabilidad los tres niveles del Gobierno: federales, estatales y municipales.

En la investigación “Aguas en México: ¿escasez o mala gestión?”, el IMCO advirtió que las diferencias en el abasto y demanda del agua, su contaminación, y la falta de una mejor gestión, regulación y mantenimiento de las infraestructuras hidráulicas son responsables de la escasez de este recurso.

A su vez, enfatizó que la infraestructura hídrica, desde las presas hasta las tuberías y el alcantarillado, son obsoletas y presentan deficiencias en detrimento de una correcta gestión del agua. Por este motivo, la infraestructura obsoleta y las tuberías con fugas ocasionan que aproximadamente el 40 por ciento del agua se pierda, según cifras de Oxfam México.