VULNERABLES

Latitud Megalópolis

Por: 

No conozco a él ni a aquellos, que como Ciro Gómez, sufrieron un ¡Atentado! O están ¡Muertos!

No saben de mi existencia, aunque, igual que ellos, ejerzo el periodismo.
Tampoco esos ciudadanos asesinados, sabían de mi ni yo de ellos.
A ellas ni a ellos, que las desaparecieron, las violaron o las abusaron, nunca la ví y mucho menos las traté.
De todos, sin embargo, de Ciro, de aquel tendido en la banqueta o a ella, que la botaron o enterraron en un baldío, desconocidos para mi, duele y ¡Lastima! su condición.
¿Y tu, no sientes tuyo ese sufrimiento?
Igual que aquellos, desaparecidos o asesinados, también soy ciudadana, hermana, mamá, periodista, abuela o hija.
Y tú, como yo, también ¡Vulnerables! Y en riesgo de vivir nuestro propio pesar.
No estamos exentos de padecer ni mostrar como Ciro, como esas familias, el rostro del dolor y luto.
¿Entonces, por qué nos deshumanizamos?
¿Por qué no sentimos solidaridad y sí desfogamos rencor?
¿Por qué nos acostumbramos a la violencia y se cubre o justifica a quienes empujan a la muerte y al dolor?
Eso no es ¡Normal!
No la impunidad a quien decide quitar la vida o desaparecer a otro.
Es una insensibilidad de población que pelea por ideología, defiende imágenes y guarda silencio por la ¡Muerte!
Por la violación o la desaparición de ellas.
No estupor social, sino
ciudadanía adoctrinada que critica lo banal y se silencia ante los ¡Abusos!
Es una sociedad que se pierde en lo fácil, sin razonamiento y ¡Rencor! Una sociedad que le manipulan sus ¡Demonios! Para atacar a sus hermanos.
Que le minimizan ante sus ojos la gravedad de atentados permanentes, de violaciones cotidianas.
De constante abuso y muerte.
¡Impunidad! Y ¡Delitos! Cotidianos.
Inseguridad, robos y riesgo ¡Constantes!
Es una sociedad de manipulación para enfrentamientos mutuos.
Para evasión y omisión oficial, que minimiza los delitos.
Que justifica la violencia, los diarios asaltos y la muerte.
Al fin era sólo un ¡Ladrón o drogadicto! O ella, andaba en la ¡Parranda!
O él, traía droga, y aquel estaba ebrio y se mató.
Aquellos, los golpeados, al fin son de la comunidad LGBTTTI o una ¡Feminazi!
Y ese, al que robaron, es un “Fifí” y el asesinado, solo un ¡Indigente!
Y al del atentado, no le pasó nada, traía camioneta blindada.
Como si eso justificara la comisión de un delito
Sociedad y autoridades, no ven ¡Personas! Ni derechos ni ¡Obligaciones!
A veces sólo son números de averiguación previa, sin investigación.
¡Etiquetan! Para justificar
Y anteponen para investigar, para castigar y para ejercer la ¡Ley!
¡Hay impunidad! Investigación y clasificación de ¡Delito! Por condición económica y social.
Existe un ¡Criterio banal! Para condolernos, para sacar la rabia contra la injusticia.
Estupor social, después de la clasificación y condición de la víctima.
Hemos perdido el asombro ante los crímenes.
Nos hemos volcado en odios por figuras, por estatus social.
Si es delincuente, nos alegramos y pedimos su ¡Muerte! O hasta lo ¡Asesinan!
No se exige apliquen la ley.
Sí es periodista, ¡acusan! Y justifican.
Sin empatía ni dolor a su semblante.
Sin reparar que Ciro, aún de camioneta blindada, es una persona, que tuvo miedo y siente dolor.
Que las familias de los asesinados, de las violadas, de los desaparecidos,
llevan en su rostro más que pena.
No hay empatía ante un muerto, que fue madre o padre, hijo, hermano.
Nadie reflexiona que narrar los hechos de su atentado, deja a un Ciro ¡Abatido! Esas balas lastimaron su alma, cómo está lastimada la de miles de familias.
Ciro, no es mi amigo ni soy asidua a su noticiero, pero duele su pesar.
Como duelen los crímenes de aquellos que vieron morir en manos de sicarios a otros periodistas.
En él, en Ciro, me lastima su semblante, como lastima el de otros.
Su rostro, revela la
conciencia de saber que lo querían ¡Muerto!
Pensar y remover en sus adentros, ¿quién? Quiso decidir su existencia, quiénes desean su ¡Muerte!
No vi a un periodista, vi a una persona, prudente, mesurada, agradecida y ¡Vulnerable!
Como nos veríamos tu o yo ante un atentado o el riesgo a la ¡Muerte!
Aún así, decide ¡Continuar! Como lo haríamos tú y yo, a pesar de una vida de inseguridad y miedo.
Seguirá, como lo hacemos muchos, con un periodismo crítico.
Con una vida que debe seguir.
Con un periodismo, ¡no respetado! Que permanentemente desde el Ejecutivo, empuja al odio.
A criticar a quienes lo ejercen y no se inclinan a un servil ejercicio simulado de libertad de expresión.
Ahora fue un periodista, a ¡Diario! Es un ciudadano.
Mañana podrías perder la vida tu, tu hijo, tu hermana o tu padre a manos de un frustrado, que decide tu existencia.
No dejemos que nos enquisten rencor y odio.
Que nos empujen a la costumbre de ver atentados, desapariciones, violaciones o muertes ¡Impunes!
No necesitamos firmar cartas ni mostrar sólo nuestro repudio.
Necesitamos ¡Conciencia Social! Que no se logra con ¡desplegados! Sino con ¡La propia decisión! De empatía.