Red Pública-Es la guerra política

 

Edgar Mereles Ortiz.

 

“La política fallida es la antesala de la guerra.”

Hermenegildo García.

Hace poco más de treinta años, estudiaba en la Fundación Cambio XXI, bajo la dirección de José Francisco Ruiz Massieu, el diplomado de “Análisis Político-Electoral”. El profesor de la materia de derecho constitucional fue el doctor Elisur Arteaga, quien con su particular estilo de enseñar nos sentenció: “la política es una actividad humana esencialmente violenta”. Con el paso del tiempo, más en los últimos días he comprobado que efectivamente, el ejercicio de la politica es la violencia. Cuando son insuperables los rencores, las amarguras, la venganza o la revancha la política toma tonos violentos, siempre ascendentes, que se alían a otros con el objetivo de hacer palanca para la exclusión o la expulsión, ya en términos mas elevado hasta el asesinato.

A Julio César no lo apuñalaron la mayoría de los miembros del senado por padecer epilepsia; a Lincoln no le dispararon por perder a dos hijos; a Gandhi no lo asesinaron por tejer los hilos de sus ropas, a Kennedy no lo acribillaron por ser infiel. A obregón no le dispararon ocho balazos por quedar manco, a Luther King no lo balacearon por ser pastor cristiano y a Colosio por tener a su esposa enferma. Todos fueron asesinados por razones, causas, motivos, móviles del poder político.

La violencia politica tiene genomas en su formación, o concepción, diría mi amigo Luis miguel Pérez Juárez, uno de esos genomas, es la ausencia del respeto ahora llamada tolerancia. Lo primero que nace es la diferencia de opinión. Una parte quiere la democracia con todas sus consecuencias y la otra lucha por la conquista del poder a través de las armas. Después de la diferencia conceptual estratégica proviene la imposición de visiones o de tácticas; cada bando quiere hacer crecer su liderazgo para obtener y aplicar mayor influencia en la toma de decisiones y el control del curso de los acontecimientos. Cunado uno de los bandos termina imponiéndose, el otro se vuelve sumiso y se subordina a la fuerza preponderante o se separa, crea su propia fuerza y se confronta.

La revolución francesa esta, al igual que la mexicana, plagada de esos capítulos de lucha por el poder, su control e influencia. Todos los revolucionarios estaban de acuerdo con matar a Luis XVI, después lucharon entre ellos llevando a la guillotina a Danton, entre otros, como Camile Demouslies; meses después Fouché tramó la red de conspiradores para que a Robespierre y Saint-Just fueran al cadalso. En México, Madero sumó a casi todas las facciones antiporfiristas para derrocar al anciano zapoteco con casi treinta años en el poder, después Huerta mató a Madero, Carranza a Zapata, Obregón a Carranza y a Villa, Calles a Obregón y Cárdenas expulsó a Calles del país.

Lo que estamos viviendo es una lucha política desde el pináculo del poder hasta sus cimientos. En esta lucha debemos poner atención en que todos los acontecimientos han sido desbordados por una decisión anticipada, tomada de manera extremadamente precipitada: el destape de Claudia Sheinbaum como la candidata a la presidencia por morena. Los que quedaron fuera no están cruzados de brazos, han levantado la mano, han demostrado sus cualidades, influencia, pero, sobre todo, han expuesto su fuerza para cambiar la decisión y provocar un nuevo acuerdo.

Andrés Manuel ha quedado atrapado en esta lucha que eleva su intensidad día a día. Lo de Houston es un botón de muestra, no solo se trata de desestabilizar a la beneficiada, se trata de hundir al que toma la decisión, descalificarlo, debilitarlo a tal grado que su sucesor sea una garantía de que Obrador y sus hijos no pisarán la cárcel. Al igual que Peña Nieto, López Obrador deberá fincar su sucesor en alguien que le otorgue todas las garantías de impunidad e inmunidad.

Por eso Claudia no es la candidata, ya no puede, no tiene los instrumentos ni el margen de maniobra para poder garantizar la tranquilidad que necesita la actual familia presidencial. Ricardo Monreal tampoco lo es, él lo sabe, sus movimientos son para acercarse a quien tenga la posibilidad real de rescatarlo y darle vigencia. Solo quedan tres opciones: la racional, la viable y la emocional.

La opción racional es Marcelo Ebrard. Su eficacia e institucionalidad lo ponen a prueba de fuego, es un político con más de cuarenta años en el tuétano del poder; desde 1985 cuando llegó con Camacho Solís a la Secretaria de Vivienda y Desarrollo Urbano. Su capacidad de resistencia y renacimiento es inigualable en los últimos años. La opción viable es Zoé Robledo, político de resultados, fuera del fuego cruzado, operador eficaz de Obrador, hombre con prosapia institucional y formación académica sólida. Y la opción emocional, Beatriz Gutiérrez. Cuando todos estén derrotados, exhibidos y desgastados Andrés Manuel hará uso de su última y, quizás, siempre primera opción. La esposa es la confidente, el salvavidas, la garantía de que todo estará bien, habrá exilios, pero no afectados, quizá los hijos del primer matrimonio estarán vendiendo chocolates y cervezas por todo el mundo, pero en plena libertad.

Para muchos, esto no tiene sentido, pero últimamente ¿algo ha tenido sentido?

Desde Ciudad Universitaria, santuario del pensamiento. 21 de febrero 2022.

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