Órale Politics! – ¿Se puede confiar en los estadounidenses?

A mediados de los 70s mis papás me enviaron a aprender inglés a los Estados Unidos, a una escuela militar. Durante nueve meses saludé diariamente a la bandera gringa de manera más o menos ininterrumpida. Durante mi estadía en la escuela aprendí inglés y más sobre la idiosincrasia militar que sobre la cultura estadounidense. Mis papás me habían enviado allá como premio, no obstante, cuando llegué a la escuela me enteré que la mayoría de mis compañeritos mexicanos habían sido enviados ahí como castigo. “Los gringos son drogadictos, no te vayas a drogar allá por favor”, recuerdo que mi mamá me dijo cuando se despidió de mí. Yo cumplí, cumplí con el encargo, cumplí con lo militar y con lo académico al 100. Si algo aprendí de la experiencia es que si uno se esfuerza de sobremanera, la recompensa será fuera de serie, al menos en el sistema gringo. Orden y progreso como máxima de vida, pues.

Años después regresé a los Estados Unidos, a cursar la maestría en Políticas Públicas y posteriormente el doctorado en Ciencia Política, en la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York. Y ahí aprendí mucho de varios estadounidenses. De mi querido mentor, el buen Robert Shapiro, aprendí que nunca hay que dejar nada para mañana, máxima que generalmente aplico a mis asuntos, aunque no siempre, para ser exactos. También aprendí que cuando uno puede ayudar a alguien, pues hay que hacerlo, sin esperar absolutamente nada a cambio. Del buen Jon Elster (noruego), aprendí a usar sus enseñanzas sobre racionalidad en prácticamente todas mis clases como profesor, mis proyectos de investigación y mis divorcios. Del finado Rodolfo de la Garza aprendí que cuando uno es chingón, pues es chingón y sanseacabó. De Robert Smith aprendí que lo cortés no quita lo valiente. A mi amiga y compañera de maestría Rebecca Hirade le quedo profundamente agradecido por haberme introducido a la cultura judía neoyorkina. De Lisa Anderson aprendí que el poder es un flujo divertido y también que jamás existe la necesidad de exhibirlo, con ejercerlo basta. De Louis DeSipio aprendí que la sencillez y la humildad son valores invaluables en la academia, además de constituir una poderosa herramienta que le permite a uno razonar mejor durante la labor creativa. De Ira Katznelson aprendí que el verdadero placer de la vida radica en leer lo que a uno se le pegue la gana, cuando se le pegue la gana. De Richard Nelson aprendí que nadie nunca debe ni tiene el derecho a decirme lo que tengo que hacer. Del bar tender de la Faculty House de Columbia aprendí que la vida se disfruta un día a la vez y que el alcohol no tiene nada que ver en el proceso. De mis compañeros de fraternidad aprendí tantas y tantas cosas…

Mención especial merece mi mentor, amigo y profesor Richard Pious. Además de que ha fungido durante muchos años para mí como el principal modelo a seguir como docente, pues me enseñó, al igual que Shapiro, Elster, Katznelson, de la Garza y De Sipio, que un verdadero profesional de la docencia empieza por escuchar. Escucha a sus colegas, escucha a sus discentes y se escucha a sí mismo. Y luego lo que sigue, pero primero debe escuchar. También le quedo profundamente agradecido al profesor Pious que, después de escucharme sobre mi preocupación de llegar a tener una pareja estable y tener hij@s, ya al final del doctorado; él me haya comentado, después de una sonora carcajada: “Mira Gustavo, si mi cuñado ya tiene esposa e hijos, por favor, cualquier hombre lo puede hacer. Todo estará bien, no te preocupes…” Y sí, añitos después tuve pareja estable y unas adorables hijas, tal como lo vaticinó el profesor Pious.

Pero no todo ha sido anécdotas amenas, aprendizajes felices y relaciones confiables en mi relación con los habitantes de los Estados Unidos. Si bien se puede confiar en algunos estadounidenses, pues he de confesar que hay gringos difíciles de digerir, por plantearlo de alguna manera. El tema prefiero abordarlo desde una perspectiva inductiva, lo cual ayudará más a comprender a lo que me refiero. Ojo, me gustaría aclarar que no importa la nación, siempre habrá ciudadan@s agradables y desagradables. La clasificación es muy subjetiva, ya que depende principalmente de dos perspectivas: la esencia histórica y evolutiva de las personas observadas y la subjetividad inherente del observador.  La confiabilidad, definitivamente es otra cosa.

Habiendo dicho lo anterior, me pregunto: ¿Se puede confiar en los estadounidenses? La respuesta obvia es sí y no. En lo que resta del presente escrito me enfocaré en el que no es confiable, ya que acabo de mencionar a algunos amigos y amigas bastante confiables.

El gringo democratista. Es aquel gringo que se pasa su vida creyendo y/o afirmando que los Estados Unidos es el paladín de la democracia a nivel mundial. El resto del planeta viviría en el caos de las dictaduras de varios colores y hedores de no haber sido porque la libertchy, la democrachy y la freedom fueron atinadamente impuestas por los Marines a punta de patadas a través de los siglos a pueblos que casualmente nunca supieron lo que querían. Llevar guerra intervencionista a otros lados es el equivalente a exportar democracia necesaria aun en contra de la voluntad de los pueblos invadidos. De vez en cuando un par de bombas atómicas siempre ayudan en tan noble fin.

El gringo racista. Históricamente el gringo blanco promedio ha sido expuesto toda su vida al us vs them, al nosotros vs ellos. Una lucha en la que los afroamericanos, los asiáticos, los latinos y los migrantes de primera generación siempre han llevado la peor parte.  Los famosos e infames letreros de “No Niggers, no Mexicans, no dogs allowed” siempre fueron del agrado de este tipo de gringos, mismos que a través de la brutalidad policiaca y el racista uso de la ley hacían y hacen sentir una supuesta superioridad racial en la tierra de la libertad y la igualdad. A la fecha es en el poder legislativo federal y estatal que este poder enfermo se hace sentir duro, obscuro y cínico sobre las minorías que paulatinamente dejan de serlo, aunque eso en realidad signifique poco cambio en el balance de poder racial. Todo esto al menos por los próximos 77 años…

El gringo diosero. Aquel gringo que se pasa toda la vida interpretando la palabra de dios a su modo. Este gringo discrimina, escupe, patea, odia, golpea, cachetea, insulta, pica ojos, atropella, mata, hiere, pinta caracolitos, pendejea, empuja, apuñala, traiciona… a nombre del White Yizuz. Este gringo ejerce la tolerancia cero y de manera profundamente hipócrita atiende los servicios dominicales y admira la vida y obra de Yizuz, no obstante ejerce una mierda de dicha vida. Es principalmente gracias a este gringo que el gringo racista halla su principal consuelo y justificación de ser: por la gracia de dios soy blanco y soy superior, tú no eres blanco y por lo tanto eres inferior. Gracias a este gringo el domingo es el día en el que más se celebra la separación racial en el país de las barras y las estrellas.

El gringo capitalistoide. El gringo que tiene como biblia suprema al business way of life. En la medida de lo posible te tuerzo en los business que hagas conmigo y para mí. Si de plano no te cuadra la torcida, no problemo, te echo a los Marines para que te barajeen tus opciones. Al cabo que para eso le pago impuestos al Uncle Sam. Gracias a este gringo, cualquier otro gringo puede ser señalado como comunista, enemigo del American Way of Life.  Por el hecho de tener dinero cree que debe ser respetado en el mundo, aunque no sepa más allá de un idioma y sea increíblemente inculto. El Master del Time is Money, lo llamamos en ciertos medios.

El gringo de los enredes-sociales. Este gringo es muy curioso. Se las cree de todas, todas. Las redes sociales son su hábitat natural. ¿Que Britney Spears no usa drogas ni está bien turulata? Claro. ¿Que el gobierno gringo se la pasa conspirando para meterte un chip en la vacuna del Covid para controlar tu mente? Por supuesto. ¿Que los migrantes japoneses te van a hipnotizar para que te conviertas en un kamikaze maldito y acabes con la Lovely Nebraska? ¡A ejecutarlos sea dicho! ¿Que el jueves a las 3 a.m. es la hora idónea para sacrificar osos en Central Park y así purificar el alma de los descendientes del séptimo sol de la eterna Egea? Of course! ¿Qué el papa es comunista? ¡Con razón! ¿Que Trump ganó las elecciones del 2020, pero le arrebataron el poder gracias al peor y más-masivo fraude en la historia de la democracia gringa? Obvio. ¿Y los servicios de inteligencia rusa… que dizque se la pasan manipulando y troleando las redes sociales gringas? Ja, ja… esos ni existen.

El gringo protodrogo. Este gringo se la pasa condenando a los gringos que se la pasan exigiendo que legalicen las drogas en los Estados Unidos. No obstante fueron los primeros en drogarse en su temprana y tardía juventud, además de su temprana y tardía madurez. Este gringo está completamente convencido de que son los traficantes y los productores de los malvados países del tercer mundo los que inundan las calles de los USofA con sus desviados productos y le proporcionan a sus niños y niñas las drogas amigas… propaganda al más puro estilo nazi que señalaba a los judíos como la primera y única causa de todos los males en Alemania. Es en el Congreso y Senado gringos donde hay más de estos cuates, mismos que viven en un mundo absolutamente surrealista, ya que  a través de legislaciones emitidas década tras década tan sólo empeoran las cosas y ni cuenta se dan, según esto.

El gringo trumpista. Éstos son una colección de lo peor de lo peor de las categorías anteriormente expuestas. La única diferencia con el resto es que reconocen al mucho-macho Donald Trump como su dirigente y líder máximo. Estos pseudo individuos no son productos del momento. La sociedad, la cultura, la religiosidad y la política gringas los han ido cocinando a través de los lustros. El mismo Trump es un producto de este proceso. El proceso más obvio es el patrocinado por el partido republicano, mismo que ha echado al ruedo presidencial una colección increíble de idiotas e idioteces in crescendo: Reagan, Bush Jr., Trump… todo en defensa de los intereses de los menos, los poderosos, los intolerantes, los ignorantes.

Insisto, no todos los gringos son como los anteriormente descritos, también hay estadounidenses que han logrado hacer progresar la ciencia, la tecnología, la medicina, la música y el conocimiento en general, a nivel mundial.  También hay estadounidenses con una gran conciencia ecológica y de una gran espiritualidad, mismos que profesan el amor al prójimo de manera incondicional, independientemente del color de su piel, con o sin religión a la mano. El problema con los desconfiables es que yo calculo que hoy por hoy representan por lo menos el 50% de la población de los Estados Unidos. Y eso no es bueno. La potencia mundial contemporánea en el terreno económico y militar en manos de estos orates… eso sí da mello.