Es de todos conocido que, desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de México, la polarización del país ha sido una de sus estrategias para mantener su mensaje, en consecuencia, ahora tenemos medios conservadores y liberales; medios fifís; periodistas fifís, etc. Desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, no recuerdo que se coartara la libertad de expresión como lo hace AMLO.

Con el Gobierno de Vicente Fox comenzaban las redes sociales a ser un factor en la opinión pública; existían programas de sátira política en Televisa, como “El Privilegio de Mandar”, que se burlaban de diferentes actores políticos relevantes, incluyendo al presidente. Con Calderón, las infografías, los memes y los Trending Topics eran el pan de cada y Enrique Peña Nieto fue prácticamente un meme, pues el contenido de desgaste se producía por hora. Pero todos los presidentes mencionados, han sido respetuosos de las “benditas redes sociales”, de los periodistas y los comediantes. Todos, menos López Obrador.

AMLO se ha caracterizado por burlarse de quien habla mal de él. Ejemplos sobran, pero el que más destaca es el de Carlos Loret de Mola, quien tras haber sacado información sobre los contratos millonarios que la empresa de la prima del presidente Felipa Obrador, había ganado con Pemex, en la mañanera, cuando le preguntaron la fuente sobre los contratos de la prima incómoda, sólo atinó a reírse y obviar la “mala fe” del periodista, como si esto anulara la veracidad de la información. Otro caso el de Chumel Torres que tras burlarse del hijo menor del presidente, el comentarista fue vetado de HBO, plataforma que transmitía su programa. El más reciente es el caso de Brozo, un comediante que ha criticado a las élites en el poder desde que Andrés Manuel era jefe de gobierno, el mismo que reveló el video de Bejarano, “el señor de las ligas”, y que apenas hace uno días llamó al presidente a no utilizar la distribución de la vacuna contra la COVID-19 como una estrategia electoral, jugando así con la desesperación de la gente.

A López Obrador le incomoda toda persona que no hable bien de su mal llamada “Cuarta Transformación”, y en su discurso, aparentemente los hace a un lado, aunque constitucionalmente, un presidente gobernar para TODOS y no solo para los que hablan bien de él.

Es grave también su influencia y trabajo en el caso de los Twitteros Simón y PKS, influencers que simplemente por hablar mal del gobierno federal, vieron suspendidas sus cuentas suspendidas de la noche a la mañana; o, ¿qué tal el caso del reportero Héctor de Mauleón? Que al publicar el caso de una persona que no encontraba cama en el INER y se encontraba grave, fue atacado hasta en programas del Canal 11, sin que se investigara mejor la situación del enfermo que, por cierto, falleció hace un par de días.

Hay algo que es claro, al presidente le gusta censurar, pero hay algo más claro aún, los ciudadanos ya se dieron cuenta, que al señor de palacio no le gusta que hablen mal ni en redes sociales ni en medios, hoy en twitter y Facebook cada vez vemos más activistas digitales que dicen la verdad del país, que tienen que esconder su identidad por miedo a ser amenazados, censurados o incluso señalados por el sector que aprueba al presidente. Cada vez somos más ciudadanos UNIDOS en una voz en contra de los abusos y las decisiones arbitrarias de la Cuarta transformación y su mesías tropical.

El lenguaje, la palabra, es una forma más de poder, una de las muchas que nos ha estado prohibida (Victòria Sau, escritora y psicóloga española, más conocida por su faceta como activista política feminista.)

Semblanza

Carlos Nader Argumedo, nacido en la Ciudad de México en 1992, Licenciado en Derecho, siempre ha estado interesado por los problemas de su entorno y en buscar una forma para solucionarlos, crítico pero propositivo,  vecino de Álvaro Obregon de toda la vida.

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