Órale Politics! – El poder de los dictadores

 

Algunos califican las elecciones estadounidenses del 2 de noviembre como las elecciones más importantes en la historia de los Estados Unidos desde la Guerra Civil.  Probablemente es cierto, pero más que usar al pasado como parámetro comparativo de importancia, yo prefiero enfocarme hacia el futuro. Las elecciones estadounidenses de noviembre definirán el futuro político de esa gran nación en el corto, mediano y probablemente el largo plazo.

 

De entrada, la reelección de Donald Trump se antojaba prácticamente imposible durante los dos primeros años de su presidencia. Es a partir del intento fallido de inhabilitar al presidente y mediante la solidez de sus números en términos de preferencia pública, que la reelección de Trump toma forma y fuerza. El 40% del electorado estadounidense se declara trumpista, lo cual no es cualquier cosa. Al día de hoy, su reelección no está asegurada, pero Trump ha dado señales de que si no gana, arrebata. A cualquier costo.

 

Actualmente existe una cantidad tremenda de información relacionada con las elecciones estadounidenses. Francamente el asunto es abrumador, pero es posible identificar las fuentes de información más objetivas.  Hay algunas fuentes bastante cargadas hacia el proselitismo de Trump, siendo la más importante de ellas Fox News. Su contraparte sería la CNN, odiada abiertamente por el buen Donald y, a mi juicio, mucho más objetiva que Fox News en sus reportajes y editoriales sobre la Casa Blanca.

 

En relación a los sondeos de opinión, RealClearPolitics (https://www.realclearpolitics.com) presenta una colección muy completa y actualizada de encuestas de todo tipo, relacionadas con las elecciones presidenciales, del Senado y de los Representantes. Hoy por hoy, RealClearPolitics señala que Biden tiene más probabilidades que Trump de ganar las elecciones del Colegio Electoral estadounidense, que son las que cuentan. En el Senado la pelea es muy cerrada, probablemente los Demócratas obtengan la mayoría por un voto, pero también pueden empatar con los Republicanos, lo cual jugaría a favor de Trump: cualquier empate de votación en los asuntos del Senado, lo desempataría el vicepresidente, siempre y cuando gane Trump la presidencia. El Congreso permanecerá como territorio Demócrata, prácticamente bajo cualquier escenario.

 

En el New York Times, la sección de “Election 2020” es muy completa en todos los aspectos: análisis, artículos de opinión, escenarios y encuestas. De manera similar, vale la pena checar el sitio FiveThirtyEight (https://fivethirtyeight.com), sobre todo los artículos de opinión y el análisis. Igual con la sección sobre las elecciones estadounidenses de la BBC: US Election (https://www.bbc.com/news/election/us2020). El sitio Politico (https://www.politico.com) presenta buenos análisis actualizados de la actual coyuntura política estadounidense. Después de la sorpresiva derrota de Hillary Clinton en 2016, todos los medios de comunicación profesionales  muestran una gran prudencia y se abstienen de dar por ganador a Biden.

 

En relación al honorable electorado estadounidense que apoya a Trump, el lector especializado puede consultar mi más reciente artículo al respecto: “Trump y su fascinante electorado” (https://www.academia.edu/43898101/ORALE_POLITICS_Trump_y_su_fascinante_electorado) y también está el video en YouTube: “Trump y su electorado 2020” (https://www.youtube.com/watch?v=q3zQarbilFg&feature=youtu.be). El COVID 19 le ha pegado muy fuerte a los Estados Unidos y su liderazgo político tiene mucho que ver en eso, al respecto se puede consultar el artículo: “COVID 19: Lo político, la diferencia entre el bien y el mal” (https://www.academia.edu/44104070/%C3%93RALE_POLITICS_COVID_19_Lo_pol%C3%ADtico_la_diferencia_entre_el_bien_y_el_mal).

 

Definitivamente la actitud y reacciones de Trump ante la pandemia y los conflictos de corte racial se han traducido en un avance conciso de Biden en las encuestas, lo cual ha provocado que Trump refuerce su estrategia ganadora: desacreditar las elecciones en caso de que pierda (y no reconocer la victoria de Biden) y acreditarlas en caso de que gane. Y esto es muy peligroso para la democracia estadounidense.  Trump, además de lanzar continuamente ataques más o menos rabiosos contra Biden, se la pasa acreditando teorías conspiracionistas o grupos conspiranóicos (como diría Guillermo Altares en El País); invita al elector a que vote dos veces, por correo y presencial, lo cual es ilegal en los Estados Unidos; le quita fondos e infraestructura al correo estadounidense para hacer poco confiable al voto por correo; desacredita medios de comunicación que no siguen su línea política y continúa ejerciendo el trademark de su presidencia: decir mentiras y hacer declaraciones engañosas al por mayor.

 

Además, el buen Donald no se cansa de lanzar púbicamente la idea de quedarse un tercer término en la Casa Blanca o dejar a Ivanka en su lugar. El largo plazo es parte activa de su agenda. Tampoco queda claro el efecto directo en las elecciones de la muerte de la jueza de la Suprema Corte, Ruth Bader Ginsburg. Ante todo este complicado panorama, Biden se ve obligado a ganar de manera inobjetable y contundente la elección presidencial, lo cual veo muy difícil, pero no imposible. Vamos a ver qué sucede de aquí al 2 de noviembre, no hay que olvidar que faltan tres debates entre Trump y Biden. En los debates no creo que se defina toda la elección popular (esa ya la ganó Biden), pero sí algunos-poquitos votos del Colegio Electoral, lo cual puede ser de vida o muerte en la recta final de estas elecciones.

 

El problema con esto es que el estadounidense promedio, y habitantes o líderes de otros rincones del planeta, asimilarán esta experiencia anti democrática como “normal”. Y este tipo de actitudes, típica de regímenes autoritarios, destruye sistemáticamente a las instituciones democráticas, lo cual es muy peligroso, sobre todo porque Estados Unidos es una superpotencia en el terreno económico y militar. Las negociaciones comerciales se pueden convertir en escenarios de guerra, como ya sucede de manera implícita entre China y los Estados Unidos, por ejemplo.

 

En 2013, Volker Ullrich publicó en Alemania un excelente libro de corte biográfico sobre Adolf Hitler, “Hitler, Ascent 1889-1939”. Me tomo la libertad de traducir tres párrafos de la reseña que hizo en su momento Michiko Kakutani en el New York Times sobre la versión en inglés del libro (2016) y que me llamaron mucho la atención.

 

“Adolf Hitler sazonaba sus discursos con frases burdas y constantes degradaciones de sus enemigos. Conforme él fomentaba el caos al avivar los miedos y resentimientos de las multitudes, él se ofrecía a sí mismo como el líder visionario que podría restaurar la ley y el orden. Adolf Hitler se presentaba a sí mismo en términos mesiánicos, prometiendo “llevar a Alemania a una nueva era de grandeza”, aunque generalmente sus planes eran vagos. De manera frecuente, él transportaba de regreso al país a una edad de oro… (con el objeto de) “mostrar al presente en tonos completamente lóbregos. No importa para donde se mirase, había decadencia y declive”.

 

“Adolf Hitler era conocido entre colegas por una “falsedad sin fondo” que tiempo después se amplificaría gracias a una sofisticada maquinaria propagandística que usó lo último en tecnología –radio, gramófono, discos, películas- para esparcir su mensaje. Un ex ministro de finanzas alguna vez escribió que Hitler “era tan falso que ya no distinguía la diferencia entre mentira y verdad”, y los editores de alguna edición de “Mi Lucha” describieron el libro como  un “pantano de mentiras, distorsiones, ambigüedades, (y una mezcla de) medias verdades y hechos reales”.

 

“Adolf Hitler era frecuentemente descrito como un egomaníaco que “sólo se amaba a sí mismo” –un narcisista con un gusto por la auto dramatización, y lo que Ullrich llama una “particular obsesión por los superlativos”. Sus discursos frenéticos y tendencia a jugársela riesgosamente por el ´todo o nada´ provocaron que surgieran dudas sobre su auto control e incluso sobre su salud mental. Pero Ullrich enfatiza la astucia de Adolf Hitler como político – con un “ojo experto para captar las fortalezas y debilidades de la gente” y una habilidad para “instantáneamente analizar y explotar cualquier situación”.

 

Yo me pregunto: ¿Qué pasaría si el amable lector sustituyese las palabras “Alemania” por “Estados Unidos” y “Adolf” por “Donald” en el texto? Probablemente nada, probablemente aparecería mágicamente el elefante a la mitad de la habitación. Estoy convencido de que, para entender a la política, hay que entender las relaciones que se dan entre las 4i´s en un Estado-nación: individuos, ideas, instituciones e intereses. Un individuo hábil y voluntarioso con ideas peligrosas destruye cualquier institución que se le ponga enfrente y hace suyo cualquier interés, por más poderoso que éste sea. Y ése es el origen del poder de los dictadores.

 

Dios mediante, mi próximo artículo en Cadena Política sería el 5 de noviembre de este año. Ya para ese entonces se sabrá quién ganó la presidencia estadounidense, al menos eso espero.

 

 

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