Cuando el mundo dejó de elegir a Estados Unidos

IRENE-MUNOZ

20 DE NOVIEMBRE DE 2023. CIUDAD DE MEXICO. RETRATOS DE IRENE MUÑOZ PARA SU COLUMNA EN EL UNIVERSAL. FOTO: GERMAN ESPINOSA

Irene Muñoz.

Durante décadas, Estados Unidos no solo fue una potencia económica o militar; también fue una aspiración global. Millones de personas viajaban cada año no únicamente para conocer Nueva York, Orlando o California, sino para experimentar la idea del “sueño americano” en un país admirado, moderno y abierto al mundo. Hoy, esa percepción comienza a fracturarse de manera preocupante.

Los datos completos de 2025 confirman una realidad impensable hace algunos años, Estados Unidos registró la peor caída en turismo internacional fuera de una pandemia. Cuatro millones menos de visitantes extranjeros, más de 8 mil millones de dólares perdidos en gasto turístico y una contracción incluso mayor a la vivida durante la crisis financiera de 2008; y esta vez no fue consecuencia de un virus o una recesión global, sino del deterioro de su imageninternacional.

El turismo nunca es solamente turismo, es reputación, confianza y poder blando. Cuando las personas dejan de querer visitar un país, normalmente significa que algo más profundo se rompió en la forma en que el mundo lo percibe.

La combinación de guerras arancelarias, discursos agresivos hacia aliados históricos, endurecimiento migratorio, incertidumbre sobre visados, polarización política y una narrativa internacional dominada por redadas, violencia y confrontación comenzó a tener consecuencias reales. El problema para Estados Unidos es todavía mayor porque el turismo mundial sí está creciendo, en 2025 viajaron internacionalmente 80 millones más de personas que el año anterior.

Los viajeros simplemente eligieron otros destinos y países como Japón, Corea del Sur, Emiratos Árabes Unidos, Italia o Españaentendieron algo que Washington parece haber olvidado, en la economía global moderna, la percepción vale tanto como la infraestructura.

Para poder entender el fenómeno vale la pena analzar la caída de visitantes canadienses que es quizá el ejemplo más simbólico. Miles de familias que históricamente vacacionaban en Florida, Nueva York o ciudades fronterizas decidieron cambiar de rumbo y gastar su dinero en Europa o Asia. No dejaron de viajar; dejaron de elegir a Estados Unidos.

Ese detalle cambia completamente la dimensión del problema. Recuperar turistas después de una crisis sanitaria es relativamente sencillo, pero recuperar la confianza emocional y simbólicade los viajeros puede tomar años.

Por supuesto el impacto económico ya comienza a sentirse. Hoteles, parques temáticos, aerolíneas, restaurantes y pequeños negocios reportan afectaciones importantes. Incluso Disneyland reconoció una caída en visitantes internacionales y una menor ocupación hotelera. Aunque algunos viajeros gastaron más por persona, el volumen perdido ya no puede compensarse.

La paradoja es contundente, mientras Estados Unidos endurece su narrativa hacia el exterior, el mundo encontró alternativas igual de atractivas, más seguras y políticamente menos hostiles. Tokio ofrece orden y fascinación cultural; Dubái vende modernidad extrema; Corea del Sur domina el entretenimiento global; Europa continúa capitalizando su patrimonio histórico.

Y todo esto ocurre rumbo al Mundial FIFA 2026, el evento turístico más importante del planeta y que depende precisamente de la integración regional entre Estados Unidos, México y Canadá. Un torneo diseñado para proyectar cooperación llega ahora en medio de tensiones diplomáticas, fatiga política y desgaste reputacional.

La gran lección es clara, ningún país, por poderoso que sea, puede dar por sentado el atractivo de su marca nación.

La gente no viaja únicamente por aeropuertos o hoteles; viaja hacia lugares que le generan admiración, tranquilidad y empatía. Cuando un país comienza a producir miedo, tensión o agotamiento emocional en la conversación internacional, eventualmente el turismo también se desploma.

Estados Unidos creyó durante años que su liderazgo global era permanente. Los datos de 2025 demuestran que ninguna reputación internacional es indestructible, y que en un mundo hiperconectado, las decisiones políticas internas también pueden vaciar aeropuertos, hoteles y ciudades enteras.


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