Frontispicio
Por: Edgar Mereles
La política de choque.
Una de las características de los nazis en la década de los años treinta fue la presencia en las calles de sus jóvenes golpeadores, mismos que organizaron la noche de los cristales rotos en noviembre de 1938 cuando las “camisas pardas” del Partido Nacional Socialista realizaban linchamientos contra los sindicatos, socialistas, demócratas y judíos.
Todas las organizaciones fascistas tienen grupos de choque que utilizan contra la oposición y para sembrar terror entre los habitantes, las organizaciones de la sociedad civil y periodistas. Son eficientes porque usan la fuerza, la violencia y la persecución. Cuentan con la voluntad de las autoridades, ningún policía se atreve a intervenir para proteger a las víctimas.
Estos pasajes de otras latitudes y épocas hoy las estamos viviendo en nuestro país. Un grupo denominado “Mexicanos al grito de Paz” ha ejercido sus libertades expresando su oposición la política de protección que Claudia Sheinbaum ha desarrollado sobre Rubén Rocha Moya, colocando lonas en el zócalo de la plaza de la Constitución frente al palacio nacional y al palacio del ayuntamiento, sedes de los poderes ejecutivos federal y de la CDMX respectivamente.
Al ser detectados por los integrantes de las secretarías de gobierno y seguridad de la ciudad, los mandos superiores hacen llamadas a sus grupos de choque para confrontar a los ciudadanos, amenazarlos, agredirlos y quitarles su propaganda. Casualmente ningún policía se aparece, acerca o cerciora de lo que está sucediendo.
Como dijera el periodista Manuel Buendía, sí grazna como pato, nada como pato y vuela como pato, pues es pato. Los grupos de choque son comerciantes de la vía pública de las calles de Motolinia, Tacuba, Madero del Centro Histórico. Cosas de la vida, la lideresa de los comerciantes y plazas de comercio en esas calles es Diana Sánchez Barrios, la diputada local que recibió los votos del PRI y se pasó a Morena.
Lo sucedido en la Plaza de la Constitución no es un asunto menor ni una anécdota más de la vida cotidiana de la megalópolis, es una estrategia peligrosa y terrorista entre funcionarios del gobierno, diputados del congreso, dirigentes de Morena y organizaciones de comerciantes afines al poder. Es una combinación de autoridades, políticos y dirigentes partidistas que están decididos a sembrar violencia contra los derechos, libertades de los opositores.
No me gusta ser ingenuo y decía mi sacro santa madre, piensa mal y acertarás. Clara Brugada es la responsable de esta política, si no lo sabe entonces la ignorar los secretarios de gobierno y seguridad ciudadana; prefiero una gobernante enterada de todo lo que se decide, a una jefa de gobierno ignorada y rebasada.
A Diana Sánchez le está saliendo muy cara su lealtad a Clara Brugada. Está asumiendo un papel que muy pocos quieren hacer, que no es política, no son ideas, no es una lucha de convicciones ni mucho menos una causa justa. Diana está haciendo el papel de mercenario, el golpeador que pone su fuerza al servicio del poder, pero cuando ese poder se pierda, sus actuales contratistas no lo podrán defender y los que lleguen no lo van a necesitar.
En la ciudad de México el margen de maniobra y el periodo de sobrevivencia para este tipo de organizaciones es muy corto. Los Halcones de Alfonso Martínez Domínguez no superaron la llegada de Octavio Sentíes que fue en los últimos días de junio de 1971. Los grupos de choque del sindicato de Ruta 100 no pasaron del gobierno de Oscar Espinoza Villarreal. En fin, la fuerza social y política de la ciudad no da mucho margen para que la política de la fuerza se convierta en política institucional.
En el escritorio de Clara Brugada está la información de este grupo de camisas pardas que están haciendo política de terror. Sí la situación prevalece es porque así lo decidió la jefa de gobierno.
Ciudad de México a 25 de mayo del 2026.
