El día que la IA en TikTok pudo desaparecer un vuelo

IRENE-MUNOZ

20 DE NOVIEMBRE DE 2023. CIUDAD DE MEXICO. RETRATOS DE IRENE MUÑOZ PARA SU COLUMNA EN EL UNIVERSAL. FOTO: GERMAN ESPINOSA

Por: Irene Muñoz. 

Hay noticias falsas que desaparecen en minutos y hay otras que, incluso después de ser desmentidas, dejan daños reales. El video difundido recientemente en TikTok, donde supuestamente aparece el periodista Carlos Loret de Mola informando sobre la desaparición de un inexistente vuelo de Viva Aerobus entre La Paz y Guadalajara, no fue una simple broma viral, fue una advertencia alarmante sobre el momento que vivimos, una época donde una mentira bien producida puede convertirse, en cuestión de horas, en una amenaza reputacional, económica y social. Al momento de creación de este texto, el video tenía más de 780 mil vistas, con tan solo 24 horas de haberlo subido.

El montaje estaba diseñado para parecer real. Utilizaron la imagen del periodista, reprodujeron la identidad visual de Latinus y emplearon herramientas de inteligencia artificial para recrear una voz aparentemente auténtica. El resultado fue un contenido con estética periodística, edición profesional y suficientes elementos de credibilidad para engañar a miles de personas.

Ese es el nuevo rostro de la desinformación. Ya no hablamos de cadenas absurdas o rumores mal escritos en redes sociales, hoy las fake news pueden parecer noticieros legítimos, replicar formatos televisivos reales y simular con enorme precisión escenarios inexistentes. La mentira dejó de verse improvisada; ahora puede tener calidad profesional y apariencia completamente auténtica.

La verdadera alarma no está únicamente en el video, sino en la facilidad con la que fue creído y compartido, bastaron minutos para que comenzaran especulaciones sobre accidentes, fallas de seguridad y desapariciones aéreas, todo sin una sola confirmación oficial ni evidencia mínima de que el supuesto vuelo existiera.

Ese es uno de los grandes riesgos de nuestra época, ya no vivimos solamente en la era de la información, sino en la era de la simulación de la realidad. El problema rebasa por completo al turismo o la aviación, hoy la manipulación digital puede alterar conversaciones políticas, afectar mercados, generar crisis sociales o provocar pánico colectivo con una velocidad nunca antes vista.

Mientras esto ocurre, la regulación avanza con una lentitud preocupante y las plataformas digitales continúan premiando aquello que genera más miedo, indignación o viralidad, aunque sea completamente falso. El resultado es un ecosistema donde la mentira se difunde en minutos y la verdad suele llegar demasiado tarde.

Las consecuencias existen. En este caso la industria aérea y turística depende de algo extremadamente frágil, la confianza. Un rumor puede provocar miedo, cancelaciones, afectaciones reputacionales y crisis de percepción. En un país como México, donde el turismo representa uno de los motores más importantes de la economía nacional, la circulación masiva de noticias falsas relacionadas con seguridad aérea no debe minimizarse como simple entretenimiento digital.

Nuestro país depende profundamente de la percepción de estabilidad, conectividad y seguridad, cuando una fake news posiciona la idea de un avión desaparecido, aunque sea durante unas horas, el daño rebasa el escándalo viral de TikTok, golpea la imagen internacional, alimenta narrativas de descontrol y erosiona la confianza en sectores completos.

El problema es que la economía digital premia exactamente eso, el escándalo. Entre más miedo provoca un video, más alcance obtiene; entre más indignación genera, más lo impulsa el algoritmo. La mentira dejó de ser un accidente y se convirtió en un modelo de negocio.

Dentro del espacio de la ligereza resulta insuficiente decir que la responsabilidad es únicamente de la ciudadanía por no verificar la información. Las plataformas digitales tienen la obligación de frenar este tipo de contenidos y los creadores la responsabilidad de no fabricar desinformación para obtener vistas y dinero.

También existe una responsabilidad colectiva. La velocidad con la que miles de personas creen cualquier contenido que aparece en pantalla, lo que evidencia una crisis mucho más profunda, la desaparición del pensamiento crítico. Hoy basta una voz aparentemente seria, música dramática y subtítulos alarmistas para que una parte de la sociedad asuma automáticamente que algo es verdad, sin revisar fuentes, sin buscar confirmaciones y sin cuestionar siquiera si la información tiene sentido.

Aquí es importante hacer una precisión fundamental, esta discusión no tiene nada que ver con los intentos recurrentes de controlar o regular a los medios de comunicación reales, algo que fácilmente puede convertirse en censura y representar un riesgo para la libertad de expresión. Aquí hablamos de otra cosa, contenidos fabricados digitalmente para engañar deliberadamente a la población mediante inteligencia artificial, suplantación de identidad y manipulación audiovisual. No se trata de limitar el periodismo; se trata de enfrentar una nueva forma de desinformación masiva diseñada para lucrar con el caos.

Lo verdaderamente preocupante es pensar lo que viene, la tecnología ya existe,  la sociedadtodavía no está preparada para distinguir con claridad entre realidad y simulación, mientras sigamos consumiendo información con la misma velocidad con la que hacemos scroll, seguiremos siendo una sociedad donde una mentira viral puede despegar mucho más rápido que un avión real.

 

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