Luis Vega opinión

Dios no Bendice la Blasfemia de la Guerra: Papa León XIV

Por : Luis Vega

Donald Trump e Irán tienen al mundo al filo de la butaca, la guerra entre Rusia y Ucrania no termina, el gobierno de México no acepta las recomendaciones de la ONU sobre la desaparición de más de 100 mil personas. Y en medio de esta guerra, surge la voz profética del Papa que exhorta a los líderes del mundo y a los cristianos a ser un signo de esperanza en lugares profanados por la blasfemia de la guerra.

León XIV dice que, en un mundo marcado por violencias absurdas e inhumanas, impulsadas por la codicia y el odio Dios no bendice ningún conflicto”. Llama la atención el tono que ha utilizado el Papa en las últimas alocuciones, al denunciar la cultura de la guerra: “Pero ningún interés puede valer más que la vida de los más débiles, de los niños, de las familias; ninguna causa puede justificar la sangre inocente derramada”.

En un mensaje dirigido a los cristianos de Oriente Medio, que se reúnen en Roma para designar al Patriarca de la Iglesia de Bagdad de los Caldeos, el líder de los católicos hizo un llamado a los cristianos del mundo:

“Sean incansables artífices de la paz en nombre de Jesús, ayudadnos a proclamar claramente que Dios no bendice ningún conflicto; a gritar al mundo que quien es discípulo de Cristo, príncipe de la paz, nunca está del lado de quien ayer empuñaba la espada y hoy lanza bombas; a recordar que no serán las acciones militares las que creen espacios de libertad o tiempos de paz, sino solo la paciente promoción de la convivencia y del diálogo entre los pueblos”.

En este sentido, obispos de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) en su mensaje de Pascua dijeron: “Desde nuestra realidad en Mexico, donde la Iglesia trabaja activamente por la construcción de la paz, el diálogo y la reconciliación, este acontecimiento nos interpela e impulsa a renovar nuestro compromiso por una cultura del encuentro. Creemos firmemente que la paz no se construye desde la imposición o la violencia, sino desde el respeto, la justicia, el diálogo y la fraternidad”.

Este posicionamiento se vio reforzado por un contexto internacional tras la prohibición de celebraciones religiosas en Jerusalén que vinculó la violencia global con la experiencia local. Los obispos recordaron que esta prohibición hiere la libertad religiosa y la sensibilidad de millones de fieles en el mundo, hicieron un llamado a detener la violencia y rechazar el uso de la religión como justificación de conflictos.

 

La convocatoria del Papa a una Vigilia de Oración por la Paz fue recibida en México con una respuesta significativa: repique de campanas en los templos, actos públicos de oración y un discurso que enlaza la paz global con las heridas locales, particularmente las desapariciones. Es una estrategia simbólica poderosa. Las campanas no detienen balas, pero recuerdan, a creyentes y no creyentes, que el silencio también es una forma de complicidad.

 

Hay, además, un movimiento menos visible pero políticamente relevante: el reforzamiento de la presencia mexicana en la estructura vaticana. El nombramiento del arzobispo Rogelio Cabrera Lópezcomo miembro del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral. Indica que temas como pobreza, migración, tejido social y violencia, tan propios de la experiencia mexicana, estarán más cerca del centro de decisión eclesial global. América Latina vuelve a ser fuente de interpretación moral del mundo.

  

Para quienes observan la política desde la lógica del poder, estos mensajes pueden parecer incómodos. Cuando la Iglesia habla de paz, no está invadiendo terrenos ajenos: está ocupando el vacío que deja una narrativa pública incapaz de ofrecer esperanza creíble.

 

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