UNAM documenta 42 plantas comestibles en Oaxaca, ¿de cuáles se trata?

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UNAM documenta 42 plantas comestibles en Oaxaca, ¿de cuáles se trata?

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¿Qué halló la investigación en Mixteca Alta?

Un equipo de la UNAM identificó 42 plantas silvestres comestibles en la región de la Mixteca Alta, en Oaxaca, utilizadas por comunidades locales para el autoconsumo. El estudio, encabezado por especialistas del Instituto de Geografía, destaca la relevancia de estos recursos en zonas con condiciones ambientales complejas.

La investigación se desarrolló en el Geoparque Mixteca Alta, un territorio reconocido por la UNESCO, que abarca 415 kilómetros cuadrados y comprende nueve municipios. En esta área, el clima presenta variaciones extremas, lo que dificulta la agricultura convencional.

A pesar de ello, los investigadores documentaron especies que crecen tanto en condiciones secas como húmedas, lo que evidencia la adaptabilidad de estas plantas y su importancia en la alimentación local.

¿Qué plantas forman parte de la dieta?

Entre las especies identificadas destacan quelites, quintoniles, alaches, guajes y coyules, muchas de ellas fundamentales en la gastronomía mixteca. Algunas son endémicas, mientras que otras existen en distintas regiones del país, aunque no siempre se consumen fuera de esta zona.

El estudio combinó enfoques de agroecología y antropología, lo que permitió integrar el conocimiento científico con los saberes tradicionales de las comunidades. Este enfoque reveló que las plantas no solo cumplen una función alimentaria, sino también cultural.

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¿Por qué se mantiene su consumo?

Los especialistas observaron que el uso de estas plantas no depende únicamente de la falta de recursos. Aunque inicialmente se consideró que su consumo respondía a contextos de pobreza, los datos muestran que persiste incluso cuando mejoran las condiciones económicas.

En este sentido, el consumo se vincula con la identidad cultural, el gusto y la preservación de recetas tradicionales. Además, estas plantas funcionan como un recurso clave en periodos de malas cosechas, lo que refuerza su valor estratégico para la seguridad alimentaria.

Así, el estudio subraya que la relación entre las comunidades y estas especies va más allá de la necesidad, ya que también refleja prácticas culturales arraigadas y una conexión directa con el entorno natural.

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