Tiendas contra la soledad
Seúl impulsa espacios comunitarios para enfrentar el aislamiento
La lucha contra la soledad en Seúl se ha convertido en una prioridad para el gobierno local ante el aumento del aislamiento social en la capital surcoreana. Como respuesta, la ciudad abrió una red de espacios conocidos como “tiendas bondadosas”, diseñados para ofrecer compañía, conversación y un entorno seguro a personas que viven solas o carecen de vínculos cercanos.
Estos locales funcionan como salas de estar abiertas al público. Allí, los visitantes pueden sentarse, ver películas, comer ramen gratuito y conversar sin presión con otros asistentes o con trabajadores sociales. Aunque el programa se lanzó en marzo con la expectativa de recibir 5.000 personas en un año, más de 20.000 ciudadanos ya han pasado por cuatro tiendas en distintos distritos de la ciudad.
El caso de Hee-kyung, una mujer de 29 años que acude casi a diario, refleja el alcance del proyecto. Vive sola, no mantiene contacto con su familia y pasa la mayor parte del tiempo sin interacción social. En este espacio, encuentra una rutina distinta y un lugar donde no se siente juzgada.
Un problema social que crece entre jóvenes y adultos mayores
El aislamiento no afecta solo a los adultos mayores. Un estudio de 2022 estimó que alrededor de 130.000 jóvenes de entre 19 y 39 años en Seúl viven socialmente aislados. Además, casi el 40% de los hogares de la ciudad son unipersonales, una cifra que preocupa a las autoridades por su impacto en la salud mental, la natalidad y la cohesión social.
Este fenómeno se relaciona con cambios estructurales profundos. Corea del Sur pasó en pocas décadas de una sociedad agraria a una economía altamente competitiva. Como consecuencia, aumentaron las jornadas laborales, el costo de la vivienda y la presión social, factores que llevaron a muchos ciudadanos a posponer o rechazar el matrimonio y la vida familiar.
Al mismo tiempo, la población envejecida enfrenta una realidad distinta. Muchas personas mayores viven solas tras divorcios o después de que sus hijos se mudaron. En algunos casos, esta situación derivó en las llamadas “muertes solitarias”, cuando una persona fallece en su vivienda y nadie lo nota durante días o semanas. Este fenómeno impulsó las primeras acciones del gobierno municipal.
Las tiendas buscan reducir ese riesgo y, al mismo tiempo, ofrecer un punto de encuentro accesible. La elección del nombre no es casual. Las autoridades evitaron términos asociados a la salud mental para disminuir el estigma y facilitar que más personas se acerquen sin temor.
Además de alimentos y actividades, estos espacios ofrecen algo menos tangible pero central: presencia humana. Los responsables del programa explican que no se obliga a hablar ni a socializar. Basta con compartir el mismo espacio. Con el tiempo, muchos visitantes comienzan a interactuar de forma natural.
La experiencia ha motivado a la ciudad a evaluar la expansión del modelo. Para los funcionarios, estos lugares no sustituyen a la familia ni a las amistades, pero sí funcionan como un primer puente para quienes quedaron al margen de la vida social.
