Operativos sin rumbo en Jilotepec
En los últimos días, habitantes de Jilotepec han observado un incremento notable de retenes y patrullajes por parte de la Policía Estatal. Las unidades recorren las principales avenidas y puntos estratégicos, como la carretera Jilotepec–Ixtlahuaca, el Libramiento Antonio Huitrón Huitrón y la avenida Andrés Molina Enríquez. Sin embargo, la población percibe que estas acciones no responden a una estrategia sólida, sino a medidas reactivas ante el aumento de incidentes delictivos.
Aunque las autoridades aseguran que los operativos buscan disuadir la delincuencia, la realidad en las calles es diferente. Los vecinos continúan reportando robos, asaltos y extorsiones, mientras que los retenes generan tráfico, molestias y temor entre quienes circulan diariamente por el municipio. En redes sociales, algunos ciudadanos expresan su desconfianza hacia los elementos policiales, señalando que la vigilancia no se traduce en una mejora tangible en la seguridad pública.
¿Falta coordinación o voluntad política?
El gobierno municipal ha permanecido en silencio ante las crecientes quejas de la comunidad. No se han emitido informes claros sobre la duración, los resultados ni la efectividad de los retenes implementados. Esta falta de transparencia refuerza la percepción de que se trata de acciones improvisadas más orientadas a aparentar control que a resolver los problemas de fondo.
Mientras tanto, los comerciantes de la zona han manifestado su inconformidad, argumentando que la constante presencia policial ahuyenta a los clientes. Además, algunos transportistas aseguran haber sido detenidos sin motivo aparente, lo que genera un ambiente de incertidumbre y desconfianza hacia las instituciones encargadas de protegerlos.
¿Cuándo llegará una verdadera estrategia de seguridad?
La población de Jilotepec exige resultados concretos. Reclama planes integrales, mayor coordinación interinstitucional y acciones preventivas que atiendan las causas de la violencia. Los retenes, por sí solos, parecen insuficientes para frenar una ola delictiva que afecta tanto a zonas urbanas como rurales.
El municipio enfrenta un desgaste en la relación entre ciudadanos y gobierno, alimentado por la percepción de que las autoridades reaccionan tarde y sin rumbo. Mientras la presencia policial se multiplica, la inseguridad sigue siendo un problema cotidiano.
En Jilotepec, los habitantes no piden más patrullas en las calles, sino una estrategia real que devuelva la confianza y la tranquilidad que el municipio perdió hace tiempo.
