Trump débil, Sheinbaum fuerte

Salomón Rosas Ramírez

Por Salomón Rosas

La política internacional vive momentos de contraste. En Estados Unidos, Donald Trump atraviesa una de sus peores caídas en popularidad. En México, Claudia Sheinbaum se consolida con niveles de aprobación que rozan el 80%. La comparación resulta inevitable, sobre todo si entendemos que la relación entre ambos países marcará el rumbo de nuestra región en los próximos años.

Las encuestas hablan por sí mismas. The Economist reporta que el índice neto de aprobación de Trump se ubica en -12%. La causa no es un misterio: la economía no marcha como prometió, la inflación erosiona el bolsillo de los estadounidenses y, lo más sensible, su política migratoria se convirtió en una pesadilla humanitaria y política. Redadas indiscriminadas, escenas de violencia contra familias y centros de detención saturados le han pasado factura. Lo advirtió Nick Gourevitch del Global Strategy Group: la opinión pública se ha desilusionado con el plan de deportación masiva.

Trump llegó al poder en 2024 con la promesa de expulsar a delincuentes peligrosos. Hoy, en cambio, la realidad muestra a trabajadores y padres de familia sin antecedentes criminales perseguidos por agentes del ICE. La narrativa del “hombre fuerte” se desmorona frente a la opinión pública.

En México, el panorama es distinto. Claudia Sheinbaum ha mostrado temple frente a las embestidas verbales y políticas de Trump. Su capacidad para responder con firmeza y serenidad le ha permitido proyectar liderazgo, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. La presidenta mexicana no se ha dejado arrinconar y, al contrario, ha convertido cada ataque en una oportunidad para fortalecer la cohesión interna.

Aquí se cumple la vieja enseñanza de Sun Tzu: “Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas”. Trump, debilitado por su propia arrogancia, exhibe sus flancos vulnerables. Sheinbaum, con inteligencia política y respaldo ciudadano, demuestra que México no tiene por qué resignarse a ser tratado como subordinado.

El contraste no podría ser más claro: Trump está débil y Sheinbaum fuerte. Para México, esta coyuntura representa una ventana de oportunidad. Si actuamos con inteligencia, podemos reposicionar nuestra voz en la relación bilateral y defender nuestros intereses desde una posición menos vulnerable.

Lo que ocurre hoy es más que un choque de estilos. Es un punto de inflexión que nos recuerda que la fortaleza de un país no siempre se mide por su poderío económico o militar, sino por la capacidad de sus líderes de resistir, negociar y, sobre todo, inspirar confianza en su pueblo.