Paz y Reconciliación | Dudas sobre legado del P. Pedro Arrupe

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Por: Luis Vega

Desde su fundación por San Ignacio de Loyola en 1540, la Compañía de Jesús es uno de los ejércitos más importantes de la Iglesia Católica, sobre todo en el tema de la educación.

Antes de que sugiera el Opus Dei (1928) y los Legionarios de Cristo (1941), los jesuitas la vanguardia en educación privada y en propuestas teológicas dentro de la iglesia.

Queridos y odiados dentro y fuera de la Iglesia, al grado que en 1773 por el Papa Clemente XIV suprimió la Compañía de Jesús; pero han vivido momentos de Gloria, dentro de la iglesia católica: fundación de universidades en el mundo ( 3,730 donde se atienden a 2.5 millones de estudiantes), investigación y ciencia (astronomía, física y qué más biología), espiritualidad Ignaciana (discernir la voluntad de Dios en la vida diaria), misiones para promover la justicia social para ayudar a comunidades marginadas.

Pedro Arrupe fue el superior general de la Compañía de Jesús (1965~1983) y uno de los renovadores de los jesuitas e impulsor del concilio Vaticano II., enfocándose en la justicia social y la ayuda de los pobres. Fundó el servicio jesuita para refugiados y desplazados. Su liderazgo y visión renovadora dejaron un impacto duradero en la Compañía de Jesus y en la iglesia católica.

En el 2019 inició el proceso de beatificación del Padre Arrupe, cuando el jesuita Mario Bergoglio era el Papa Francisco en la Iglesia Católica. Pero ahora que los jesuitas no tienen el poder de hace unos años, han surgido los detractores de la Compañía de Jesús y del proceso a los altares de su 28 superior general.

El legado del Pedro Arrupe se encuentra ahora bajo una sombra difícil de disipar porque documentos judiciales revelan que el exsuperior general de los jesuitas permitió la ordenación de Donald Barkley Dickerson, acusado de abusos sexuales a menores, a pesar de haber recibido advertencias explícitas sobre su conducta.

Estas revelaciones no solo sacuden el proceso de canonización de Arrupe, que el Vaticano sino que interpelan con fuerza la coherencia de la Iglesia frente al propio discurso del Papa León XIV, de “tolerancia cero” ante el abuso.

Si un líder religioso, por más carismático y devoto que haya sido, ignoró señales claras sobre un abusador dentro de su comunidad, ¿cómo puede ser considerado modelo de virtud ante el mundo?, preguntas voces del reo del Vaticano.

Las acusaciones contra Dickerson no eran rumores sin fundamento, según los documentos, Arrupe fue informado en 1977 de insinuaciones sexuales a un menor de 14 años y abusos a otros adolescentes, y aun así permitió su ordenación tres años después.

Es sensato, sugieren estas voces, que se pause el proceso de canonización de Arrupe hasta que se esclarezca su responsabilidad en este caso. Porque mas allá del fervor religioso, la sanación comienza con la verdad, no solo sobre los abusadores, sino también sobre quienes les permitieron persistir. La Iglesia debe ahora decidir cómo reconciliar.

Alguna vez dijo Pedro Arrupe: “El objetivo principal de la educación Jesuita es formar hombres y mujeres para otros, hombres y mujeres que no vivirán para sí mismos sino para Dios y su Cristo… hombres y mujeres que ni siquiera puedan concebir un amor a Dios que no incluya el amor al más pequeño de sus vecinos; hombres y mujeres completamente convencidos de que el amor a Dios que no emite justicia para los demás es una farsa”.


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