El asteroide 2024 YR4, que en su momento encendió las alarmas como posible amenaza para la Tierra, ha cambiado de ruta… y ahora apunta hacia un nuevo objetivo: la Luna. La NASA actualizó sus análisis orbitales y elevó la probabilidad de impacto con el satélite natural al 3.8%, mientras que el riesgo de colisión con nuestro planeta se redujo prácticamente a cero.
De posible amenaza a la Tierra a un fenómeno lunar
Desde su descubrimiento, el asteroide YR4 generó múltiples especulaciones por su cercanía orbital con la Tierra y su tamaño considerable. Aunque inicialmente se le atribuía un diámetro de hasta 90 metros, nuevos cálculos indican que no supera los 67 metros, el equivalente a un edificio de 10 pisos.
Los primeros reportes incluso activaron el protocolo de seguridad planetaria de la NASA, un procedimiento que solo se ejecuta cuando existe riesgo real de impacto. Sin embargo, el panorama cambió radicalmente con las últimas observaciones del 24 de febrero y el 2 de abril de 2025, que descartaron una colisión con la Tierra y aumentaron la posibilidad de que el asteroide impacte en la Luna el 22 de diciembre de 2032.
¿Qué pasaría si el asteroide choca contra la Luna?
De acuerdo con la NASA y expertos como Mauricio Reyes Ruiz, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM, el impacto no representaría ningún peligro para la Tierra. La colisión no alteraría la órbita lunar, ni causaría desprendimientos que pudieran afectar a nuestro planeta.
Más bien, el evento podría convertirse en una valiosa oportunidad científica. Un impacto visible desde la Tierra y con tal magnitud permitiría estudiar en tiempo real las consecuencias del choque de un asteroide de tamaño medio en la superficie lunar.
Se estima que el cráter resultante tendría un diámetro de entre 500 y 1,500 metros, una dimensión importante pero no inédita, ya que la Luna posee cráteres de hasta 2,000 metros causados por colisiones similares en el pasado.
Un espectáculo astronómico histórico
El impacto del asteroide YR4 podría convertirse en uno de los eventos más brillantes jamás registrados desde que se monitorean los impactos lunares. “Será una oportunidad única para estudiar la dinámica de estos fenómenos y su huella en la superficie del satélite”, mencionó Reyes Ruiz en entrevista con UNAM Global.
A falta de más actualizaciones en la trayectoria del asteroide, la comunidad científica ya se prepara para lo que podría ser un evento astronómico histórico, visible incluso desde la Tierra con el equipo adecuado, y sin representar ninguna amenaza para la vida o infraestructura terrestre.
Por ahora, la cuenta regresiva hacia diciembre de 2032 ha comenzado, no con miedo, sino con la expectativa de observar uno de los espectáculos cósmicos más esperados de la próxima década.