UN MUNDO DE IDIOTAS

Rafael Olivares G.

Por Rafael Olivares García

Un idiota para los antiguos griegos era la persona que anteponía sus intereses personales al bien de la comunidad.

En ese sentido todos somos idiotas, en distintos niveles, pero idiotas al fin.

Porque todos, en mayor o menor medida, no estamos dispuestos a sacrificar nuestra vida, nuestros bienes, o nuestra salud por el bien de otra persona o de nuestra comunidad.

Por supuesto que hay casos como los padres de familia, o una fe sólida, pero son las excepciones.

La gran mayoría pensamos que no podemos hacer nada por cambiar al mundo, pero lo que le sucede al mundo es la suma de todas las negligencias individuales.

Porque todos somos conscientes de que contaminamos: usamos plásticos diaria y constantemente, usamos el auto para el traslado individual, derrochamos agua potable sea al bañarnos o al regar el jardín con ella y cada quien puede encontrar un largo etcétera.

Que se preocupen de todo ello los demás, que cambien todos y si solamente yo lo hago, entonces no hay un impacto significativo y si todos lo hacemos, entonces alguien tendrá que encontrar una solución para el problema

De la misma manera todos podemos aportar un poco y la suma de los esfuerzos tendrá un impacto a largo plazo. Es verdad, en el largo plazo vamos a estar muertos, pero habremos contribuido a mejorar el mundo.

Lo mismo sucede con nuestro país y los procesos electorales.

Sabido es que las elecciones se ganan con 3 factores fundamentales: 1.- dinero. 2.- dinero. 3.- más dinero.

El problema es que el dinero no se utiliza para la difusión de propuestas y la revolución de las conciencias, sino para tomar el camino más fácil y nocivo: la compra del voto.

Es aquí en donde entran en juego los idiotas modernos, que ven su sufragio como moneda de cambio, como un ingreso extra inmediato, así que los partidos se dedican a buscar idiotas y a garantizar su voto a cambio de algunos pesos.

Al igual que en la lucha contra la delincuencia, para terminar con un monstruo enorme hay que generar otro monstruo de igual tamaño que pueda vencerlo. El problema es que hacer con el monstruo nuevo, que no deja de ser monstruo y nocivo.

En lo electoral ese monstruo se llama compra de votos y todos los partidos quieren crear cada elección uno mayor para ganar o conservar el poder.

Si queremos cambiar México, tenemos que iniciar por generar iniciativas que inhiban de forma efectiva la compra de votos. Eso no lo harán los partidos (no hay loco que coma lumbre) así que no queda otra opción que la sociedad civil organizada, pero si esta última también está conformada por idiotas que sólo buscan su propio interés, entonces estamos condenados.