ASUMAMOS NUESTRA RESPONSABILIDAD

1º. de septiembre de 2023
XXI Viernes del tiempo ordinario
Mes de la Patria mexicana:
Sacerdote Daniel Valdez García

Durante este mes dedicado a nuestra amada patria mexicana, me propongo ofrecer elementos que nos permitan desvelar en las Sagradas Escrituras LA FUERZA DE LA ESPERANZA. Deseo que resulte estimulante y provechoso en medio de la oscuridad, la ceniza y la adversidad que subsisten tras la proclamación de la independencia de México hace 213 años, y que se consumó el 27 de septiembre de 1821.

Somos integrantes de una nación y de una Iglesia donde se han cometido diversos errores, y no siempre son insignificantes. En ocasiones, tendemos a restar importancia a nuestras equivocaciones para eludir nuestras responsabilidades. El fragmento del evangelio según san Mateo (25, 1-13) nos enfrenta a las vírgenes que, portando lámparas diminutas, habían desatendido llevar consigo algún recipiente pequeño con aceite para el reabastecimiento de sus lámparas. El desatender el tamaño de los objetos puede parecer trivial, pero las consecuencias son de gran magnitud. Resulta llamativa la insistencia de Jesús en resaltar la desproporción de las repercusiones, ya que debido a este pequeño descuido, las jovencitas no pueden disfrutar del banquete nupcial.

Así pues, cualquier persona que aspire a seguir y servir a Jesús debe comprender y valorar que, en ocasiones, en la aparentemente insignificante esfera de lo cotidiano, se libra el juego de una plenitud de felicidad o, al menos, de una gran porción de la misma. Además, esta es una llamada a asumir, sin aflicción aunque no sin cierta pesadumbre, que nuestras acciones o actitudes, sean estas grandiosas o humildes e incluso aquellas que se perciban como insignificantes, acarrean consecuencias para nuestra existencia. La parábola concluye con otro valioso aprendizaje: si existen responsabilidades que nadie más puede asumir en nuestro lugar, es igualmente justo que no haya alguien que tome nuestro puesto en las consecuencias de nuestras irresponsabilidades.

La población y la cultura mexicana somos fruto de la amalgama de múltiples pueblos a lo largo de la historia, hecho que adquirió especial relevancia durante el periodo del Virreinato, cuando diversos grupos originarios de Mesoamérica se mezclaron con europeos, africanos y asiáticos. Dicha mestización tuvo su inicio en la península de Yucatán, cuando Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar se integraron a una comunidad maya después de naufragar en aguas del Caribe. El testimonio de Bernal Díaz del Castillo sobre la adaptación del primero a la sociedad indígena y su estrecho vínculo con sus hijos es un ejemplo destacado de esta temprana combinación biológica. Posteriormente, una vez consumada la conquista, el hijo fruto de la unión entre Cortés y doña Marina (Malintzin) se convirtió en otro ejemplo sobradamente conocido de esta mezcla racial que adquiriría dimensiones significativas con el transcurso del tiempo. Cabe señalar que hacia el final del periodo del virreinato, la composición de la población de la Nueva España, que alcanzaba los 6 millones de habitantes, seguía siendo mayoritariamente indígena, con solo alrededor del 40 por ciento correspondiente a la población criolla y mestiza. No obstante, son las guerras de Independencia y de Reforma, el auge de la industrialización durante el Porfiriato, el crecimiento de la migración del campo a la ciudad y la formación de metrópolis cosmopolitas fueron los acontecimientos que marcaron y condicionaron profundamente las mezclas y dieron como resultado los diversos perfiles de los habitantes del país.

Ignorar estos minúsculos detalles conlleva graves repercusiones que desgarran la esperanza y fomentan el encono hacia la genuina identidad cristiana y mexicana. México es, indudablemente, una amalgama innegable de mestizaje genético, cultural y religioso; negarlo equivale a renunciar a nuestras raíces.

Padre Dios, danos la gracia de hacernos respondas y dejar de buscar culpables. Concédenos la protección de nuestra madrecita de Guadalupe que nos ha dado una patria y se hizo mestiza como nosotros. Por la gracia del Espíritu Santo, te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesús. Amén.