El Bloque Político de Norteamérica se construye con el T-MEC

Salomon-Rosas-Ramirez

Por: Salomón Rosas Ramírez

El encargo y la responsabilidad que tiene Marcelo Ebrard Casaubon, Secretario de Economía, de cumplir las instrucciones de la Presidenta de la República, Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, para llevar a cabo una negociación con los representantes del gobierno de los Estados Unidos de América (EUA) bajo los principios de respeto y equidad, son altamente complejos y requieren de inteligencia, estrategia y verdadero nacionalismo porque como diría John F. Kennedy: “No podemos negociar con quienes dicen: lo que es mío es mío y lo que es tuyo es negociable”. La revisión del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) va bien y México saldrá fortalecido de las negociaciones porque estamos presenciando la consolidación del Bloque Político de Norteamérica que se alista para competir bajo nuevas reglas con el mundo. Tal vez algunos podrán calificar la afirmación anterior como una de buenos deseos y sobrado optimismo ante las circunstancias que estamos viviendo, particularmente con EUA, de una negociación comercial que está impactada por eventos de carácter político y judicial -que van desde juicios con demandas añejas hasta recientes solicitudes de extradición y tensiones en diversos frentes-. Es por ello, por lo que resulta relevante centrar el análisis en las grandes coordenadas y los intereses superiores de lo que está pasando en el mundo porque ya se observan tendencias que nos brindan mayor claridad.

Primero, tomemos en cuenta que el actual gobierno de los EUA, siendo la potencia económica y militar que representa, decidió cambiar y ajustar las reglas del juego político y económico a nivel global ytomó la iniciativa al “declarar la guerra comercial” a prácticamente todos los países con los que incentivó por décadas el modelo y las políticas de libre comercio mismas que, con el paso de los años, lo rebasaron y lo dejaron rezagado Sin duda, EUA sacó ventaja en muchos aspectos, pero tanto las contradicciones del sistema impuesto, así como el aprovechamiento del mismo por otros países provocaron que se percatara, tardíamente, que había perdido importante terreno en el posicionamiento mundial, fundamentalmente, frente a China. Es por ello que tomó la decisión y determinó que las balanzas comerciales deficitarias para ellos ya no eran admisibles y fue entonces cuando Donald Trump (DT), su presidente, se llamó a robado y comenzó a “aventar culpas” -valga la expresión- a todos y contra todos argumentando que la mayoría se aprovechaban del mercado norteamericano y que poco beneficio le dejaban a la sociedad estadounidense; por tanto, eso debía de cambiar y decidió dar un “golpe de timón”, cambiar la ruta y tomar el estandarte bajo el lema de “America First” (“Estados Unidos Primero”) haciendo prácticamente una involución y volteando con determinación a la imposición del proteccionismo económico nacionalista por sobre el libre mercado como lo conocíamos. A partir de ahí, estamos viviendo el nacimiento de un nuevo modelo de desarrollo económico y político mundial.

Lo anterior, modificó la estructura de las relaciones comerciales del planeta, pero para México representó no solo un cambio drástico de todas las coordenadas que, por lo menos, durante los últimos treinta y dos años (desde la entrada en vigor del TLCAN en 1994) habían regido y sustentado la amplísima conexión vinculatoria -no sólo de negocios- entre ambos países y con Canadá sino también nuevos retos en el ámbito diplomático y en la complejidad de las agendas todas (seguridad; migración; agua; ecología; drogas; armas; derechos laborales y humanos; etcétera) que desde siempre hemos llevado con nuestro poderoso vecino. Esta historia no es nueva, hay que tener presente que el nacionalismo proteccionista que DT promueve ahora lo había ya metido en el escenario desde su primer campaña y administración -hace ya más de 10 años que lo vivimos- incorporando ingredientes de alteración y tensión en la relación bilateral, sumando otros temas adicionales a los comerciales, al proponer la construcción de un muro en la frontera para evitar el paso de drogas, combatiendo a los cárteles, y también de inmigrantes -incluso con la amenaza de expulsarlos de su territorio masivamente- que, según su discurso, eran los responsables de todos los males que padecía la población estadounidense. el discurso “pegó” y Donald Trump ganó las elecciones de su país.

Segundo, ahora en el segundo mandato de DT, a la par de lo comercial, EUA comenzó a estructurar los nuevos ejes del dominio de los territorios y a fijar condiciones (apoyadas con amenazas y demostración de fuerza) encabezando la reconfiguración de la geopolítica del mundo. Al paso de los meses y por los acontecimientos ya vividos y los que actualmente suceden, podemos afirmar que todos y cada uno de los pasos, acciones, guerras, intervenciones, anuncios de imposiciones y/o apropiaciones que se han registrado recientemente fueron pactadas con anticipación con los otros grandes. Sería tal vez iluso pensar que, si no hubieran estado “acordadas” o, por lo menos, “avisadas” las acciones instrumentadas por EUA en Irán o en Venezuela o las acciones de presión a Cuba las reacciones de China o Rusia hubieran sido diferentes. Es decir, el nuevo reparto del dominio del mundo está en marcha y está, al parecer, ya pactado en sus grandes directrices; tan es así, que en la imposición de las reglas en el Hemisferio Occidental nadie contradice a Estados Unidos. Nosotros, México, pertenecemos y estamos en ese eje, querámoslo o no.

Tercero, en el análisis no podemos, no debemos, omitir el debilitamiento consistente y persistente que ha encabezado DT y EUA de los organismos internacionales, particularmente la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que todos sabemos nació ante un mundo devastado y ensangrentado tras finalizar la Segunda Guerra Mundial y que cuyos propósitos fundamentales son los de prevenir conflictos, fomentar las relaciones de amistad, promover la cooperación internacional y proteger los derechos humanos. De la misma manera, es necesario recordar que para la creación de la ONU en 1945 se reunieron representantes de 50 países en San Francisco, California, EUA, y que durante dos meses -del 25 de abril al 26 de junio- procedieron a redactar la Carta de la ONU para evitar otra guerra mundial. Lo que ahora se pretende son nuevos organismos internacionales que regulen el nuevo acomodo que se está dando y bajo los nuevos acuerdos y criterios entre los principales Imperios que son EUA y China; es por ello por lo que la ONU como está ya no les sirve.

Cuarto, ante todo ese esbozo del panorama y de la tendencia que los acontecimientos marcan, entenderemos mejor lo que nos anunció el viernes pasado el Representante Comercial de los EUA, Jamieson Greer, referente a que “Estados Unidos centrará las primeras negociaciones del T-MEC en normas de contenido regional y seguridad económica” con lo cual se augura el fortalecimiento de cadenas de suministro y la protección a sectores estratégicos como el automotriz, el tecnológico y el energético. Estas normas, se dice, buscan garantizar que los productos que circulen en Norteamérica cumplan con porcentajes específicos de insumos fabricados en la región, fortaleciendo así las cadenas de suministro locales y reduciendo la dependencia de terceros mercados; es decir, de China.Asimismo, Greer subrayó que la seguridad económica también será un eje central de las conversaciones y con ello lo que quiere decir es que van por la protección de sectores críticos frente a riesgos externos, la prevención de prácticas desleales de comercio y la creación de mecanismos que permitan responder de manera coordinada ante crisis globales, como pandemias o conflictos geopolíticos. Ciertamente, todo influye en una negociación: Los temas comerciales y de negocios; los migratorios; los de tráfico de drogas, procesos judiciales y solicitudes de extradición de un lado y de otro; los que tienen que ver con Tratados de Aguas y temas ecológicos, el comercio de ganado y de frutas y legumbres; el asunto de las armas; y otros muchos más. Todos, absolutamente todos los temas hay que atenderlos, encauzarlos y resolverlos, perono perdamos de vista que estamos en medio de algo mayor que es la construcción del bloque político de Norteamérica y que las negociaciones del T-MEC son la clave para competir en las nuevas condiciones del mundo. Es por ello por lo que, a todos, absolutamente a todos, nos conviene fortalecer el liderazgo de la Presidenta de la República, Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, y apostar al éxito del encargo y la responsabilidad que tiene Marcelo Ebrard Casaubon, Secretario de Economía. Cuando Salvador Allende en Chile enfrentaba una creciente presión militar  estadounidense en 1973, se popularizó una frase de una canción de protesta del músico Sergio Ortega y el grupo Quilapayún en apoyo a su gobierno que decía “el pueblo unido jamás será vencido”. Hoy, vayamos con optimismo a la renegociación del T-MEC con la consigna: “México Unido jamás será vencido”.

El encargo y la responsabilidad que tiene Marcelo Ebrard Casaubon, Secretario de Economía, de cumplir las instrucciones de la Presidenta de la República, Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, para llevar a cabo una negociación con los representantes del gobierno de los Estados Unidos de América (EUA) bajo los principios de respeto y equidad, son altamente complejos y requieren de inteligencia, estrategia y verdadero nacionalismo porque como diría John F. Kennedy: “No podemos negociar con quienes dicen: lo que es mío es mío y lo que es tuyo es negociable”. La revisión del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) va bien y México saldrá fortalecido de las negociaciones porque estamos presenciando la consolidación del Bloque Político de Norteamérica que se alista para competir bajo nuevas reglas con el mundo. Tal vez algunos podrán calificar la afirmación anterior como una de buenos deseos y sobrado optimismo ante las circunstancias que estamos viviendo, particularmente con EUA, de una negociación comercial que está impactada por eventos de carácter político y judicial -que van desde juicios con demandas añejas hasta recientes solicitudes de extradición y tensiones en diversos frentes-. Es por ello, por lo que resulta relevante centrar el análisis en las grandes coordenadas y los intereses superiores de lo que está pasando en el mundo porque ya se observan tendencias que nos brindan mayor claridad.

Primero, tomemos en cuenta que el actual gobierno de los EUA, siendo la potencia económica y militar que representa, decidió cambiar y ajustar las reglas del juego político y económico a nivel global ytomó la iniciativa al “declarar la guerra comercial” a prácticamente todos los países con los que incentivó por décadas el modelo y las políticas de libre comercio mismas que, con el paso de los años, lo rebasaron y lo dejaron rezagado Sin duda, EUA sacó ventaja en muchos aspectos, pero tanto las contradicciones del sistema impuesto, así como el aprovechamiento del mismo por otros países provocaron que se percatara, tardíamente, que había perdido importante terreno en el posicionamiento mundial, fundamentalmente, frente a China. Es por ello que tomó la decisión y determinó que las balanzas comerciales deficitarias para ellos ya no eran admisibles y fue entonces cuando Donald Trump (DT), su presidente, se llamó a robado y comenzó a “aventar culpas” -valga la expresión- a todos y contra todos argumentando que la mayoría se aprovechaban del mercado norteamericano y que poco beneficio le dejaban a la sociedad estadounidense; por tanto, eso debía de cambiar y decidió dar un “golpe de timón”, cambiar la ruta y tomar el estandarte bajo el lema de “America First” (“Estados Unidos Primero”) haciendo prácticamente una involución y volteando con determinación a la imposición del proteccionismo económico nacionalista por sobre el libre mercado como lo conocíamos. A partir de ahí, estamos viviendo el nacimiento de un nuevo modelo de desarrollo económico y político mundial.

Lo anterior, modificó la estructura de las relaciones comerciales del planeta, pero para México representó no solo un cambio drástico de todas las coordenadas que, por lo menos, durante los últimos treinta y dos años (desde la entrada en vigor del TLCAN en 1994) habían regido y sustentado la amplísima conexión vinculatoria -no sólo de negocios- entre ambos países y con Canadá sino también nuevos retos en el ámbito diplomático y en la complejidad de las agendas todas (seguridad; migración; agua; ecología; drogas; armas; derechos laborales y humanos; etcétera) que desde siempre hemos llevado con nuestro poderoso vecino. Esta historia no es nueva, hay que tener presente que el nacionalismo proteccionista que DT promueve ahora lo había ya metido en el escenario desde su primer campaña y administración -hace ya más de 10 años que lo vivimos- incorporando ingredientes de alteración y tensión en la relación bilateral, sumando otros temas adicionales a los comerciales, al proponer la construcción de un muro en la frontera para evitar el paso de drogas, combatiendo a los cárteles, y también de inmigrantes -incluso con la amenaza de expulsarlos de su territorio masivamente- que, según su discurso, eran los responsables de todos los males que padecía la población estadounidense. el discurso “pegó” y Donald Trump ganó las elecciones de su país.

Segundo, ahora en el segundo mandato de DT, a la par de lo comercial, EUA comenzó a estructurar los nuevos ejes del dominio de los territorios y a fijar condiciones (apoyadas con amenazas y demostración de fuerza) encabezando la reconfiguración de la geopolítica del mundo. Al paso de los meses y por los acontecimientos ya vividos y los que actualmente suceden, podemos afirmar que todos y cada uno de los pasos, acciones, guerras, intervenciones, anuncios de imposiciones y/o apropiaciones que se han registrado recientemente fueron pactadas con anticipación con los otros grandes. Sería tal vez iluso pensar que, si no hubieran estado “acordadas” o, por lo menos, “avisadas” las acciones instrumentadas por EUA en Irán o en Venezuela o las acciones de presión a Cuba las reacciones de China o Rusia hubieran sido diferentes. Es decir, el nuevo reparto del dominio del mundo está en marcha y está, al parecer, ya pactado en sus grandes directrices; tan es así, que en la imposición de las reglas en el Hemisferio Occidental nadie contradice a Estados Unidos. Nosotros, México, pertenecemos y estamos en ese eje, querámoslo o no.

Tercero, en el análisis no podemos, no debemos, omitir el debilitamiento consistente y persistente que ha encabezado DT y EUA de los organismos internacionales, particularmente la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que todos sabemos nació ante un mundo devastado y ensangrentado tras finalizar la Segunda Guerra Mundial y que cuyos propósitos fundamentales son los de prevenir conflictos, fomentar las relaciones de amistad, promover la cooperación internacional y proteger los derechos humanos. De la misma manera, es necesario recordar que para la creación de la ONU en 1945 se reunieron representantes de 50 países en San Francisco, California, EUA, y que durante dos meses -del 25 de abril al 26 de junio- procedieron a redactar la Carta de la ONU para evitar otra guerra mundial. Lo que ahora se pretende son nuevos organismos internacionales que regulen el nuevo acomodo que se está dando y bajo los nuevos acuerdos y criterios entre los principales Imperios que son EUA y China; es por ello por lo que la ONU como está ya no les sirve.

Cuarto, ante todo ese esbozo del panorama y de la tendencia que los acontecimientos marcan, entenderemos mejor lo que nos anunció el viernes pasado el Representante Comercial de los EUA, Jamieson Greer, referente a que “Estados Unidos centrará las primeras negociaciones del T-MEC en normas de contenido regional y seguridad económica” con lo cual se augura el fortalecimiento de cadenas de suministro y la protección a sectores estratégicos como el automotriz, el tecnológico y el energético. Estas normas, se dice, buscan garantizar que los productos que circulen en Norteamérica cumplan con porcentajes específicos de insumos fabricados en la región, fortaleciendo así las cadenas de suministro locales y reduciendo la dependencia de terceros mercados; es decir, de China.Asimismo, Greer subrayó que la seguridad económica también será un eje central de las conversaciones y con ello lo que quiere decir es que van por la protección de sectores críticos frente a riesgos externos, la prevención de prácticas desleales de comercio y la creación de mecanismos que permitan responder de manera coordinada ante crisis globales, como pandemias o conflictos geopolíticos. Ciertamente, todo influye en una negociación: Los temas comerciales y de negocios; los migratorios; los de tráfico de drogas, procesos judiciales y solicitudes de extradición de un lado y de otro; los que tienen que ver con Tratados de Aguas y temas ecológicos, el comercio de ganado y de frutas y legumbres; el asunto de las armas; y otros muchos más. Todos, absolutamente todos los temas hay que atenderlos, encauzarlos y resolverlos, perono perdamos de vista que estamos en medio de algo mayor que es la construcción del bloque político de Norteamérica y que las negociaciones del T-MEC son la clave para competir en las nuevas condiciones del mundo. Es por ello por lo que, a todos, absolutamente a todos, nos conviene fortalecer el liderazgo de la Presidenta de la República, Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, y apostar al éxito del encargo y la responsabilidad que tiene Marcelo Ebrard Casaubon, Secretario de Economía. Cuando Salvador Allende en Chile enfrentaba una creciente presión militar  estadounidense en 1973, se popularizó una frase de una canción de protesta del músico Sergio Ortega y el grupo Quilapayún en apoyo a su gobierno que decía “el pueblo unido jamás será vencido”. Hoy, vayamos con optimismo a la renegociación del T-MEC con la consigna: “México Unido jamás será vencido”.