2 febrero, 2023 Español

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Davos y el nearshoring

 

Por Adriana Delgado Ruiz

En plena era del nearshoring ofreciendo las grandes posibilidades que se dan, si acaso, cada medio siglo, México no tuvo ningún representante del gobierno en el Foro Económico Mundial de Davos, que suele ser uno de los grandes escaparates para atraer inversiones y negocios.

 

El impacto que tenga para nosotros el proceso de relocalización industrial a nivel global, dependerá totalmente de lo que hagamos como país al respecto. El efecto positivo puede ser muy limitado o tan grande que transforme profundamente al país y lo ponga en la ruta para convertirse en una gran potencia económica.

No es exageración. La oportunidad real de ser la gran planta manufacturera de América del Norte aprovechando el T-MEC y la guerra comercial entre Estados Unidos y China, es un objetivo natural. Pero más allá de eso, México tiene 14 Tratados de Libre Comercio con 50 países, además de 30 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones con 31 naciones o regiones administrativas y nueve Acuerdos de Complementación Económica y de Alcance Parcial en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).

Suponiendo que eso fuera poco, nuestro país también participa activamente en organismos como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Mecanismo de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).
El foro de Davos sí tuvo una buena delegación mexicana de líderes empresariales y de opinión mexicanos, pero la presencia del sector gubernamental debería ser una prioridad, dado que muchas explicaciones que buscan los capitales tienen que ver con políticas públicas.
Los procesos modernos de manufactura, por ejemplo, requieren cada vez más energía eléctrica y muchas empresas no solo requieren que se le garantice el suministro continuo, sino que además provenga de fuentes no contaminantes. Ese es un tema que nuestro país debe poner en la mesa al mismo tiempo que enfrenta la posibilidad de que su sector energético esté bajo la lupa de un panel del T-MEC.

La infraestructura es otra cuestión. Sacar de China las manufacturas para Norteamérica e instalarlas en México, significa necesariamente sistemas logísticos complejos pero muy eficientes. Carreteras seguras y en condiciones óptimas, vías ferroviarias, telecomunicaciones robustas, aduanas ágiles y libres de corrupción, puertos marítimos adecuados y aeropuertos altamente eficaces.

 

Internamente, nuestro país está atorado en discusiones que deberían resolverse de manera consensuada entre todas las partes involucradas. El proyecto de decreto para pasar todas las operaciones de vuelos de carga del Aeropuerto Internacional Benito Juárez al Felipe Ángeles desató toda una ola de desacuerdos sobre plazos, logística, costo del traslado de las operaciones, capacidad aeroportuaria y de almacenamiento, entre muchos otros detalles. Esas reacciones dejaron de manifiesto la necesidad de tratar todos esos asuntos coordinadamente y no solo mediante decisiones de escritorio.

Si bien tiene sentido que la mejor política exterior es la interior, también lo es que hay que salir al mundo a promocionar el país, responder inquietudes y escuchar las necesidades y requerimientos de quienes están dispuestos a invertir.

Las discusiones en Davos son también una caja de resonancia de los pendientes mundiales. Petroleras renuentes a la transición energética frente a la preocupación por el cambio climático, temor general por una recesión inminente, las consecuencias de la prolongación de la guerra en Ucrania y la nueva formación de bloques mundiales. México no debe estar al margen de esas discusiones.