El 11 de septiembre de 1971 un evento cambiaría el modo de entender la música y juventud mexicanas. Se trata del Festival de Avándaro, cuyo nombre oficial fue Festival Rock y Ruedas de Avándaro y que se realizó durante los días 11 y 12 de septiembre. El evento sucedió en el pueblo de Tenantongo en Valle de Bravo, Estado de México.

Dicho festival fue organizado por la empresa Promotora Go S.A. de los hermanos Eduardo y Alfonso López Negrete, el ejecutivo de McCann Erickson y promotor deportivo Justino Compeán Palacios y el productor de Telesistema Mexicano Luis de Llano Macedo. Para algunos, el Festival de Avándaro se trató de la versión mexicana del Festival de Woodstock, pues la temática fue la música, el arte, la cultura, el uso libre de drogas y las expresiones libres de amor. Se trataba de un concierto que reivindicaba los derechos de la juventud, lo que en aquella época representaba una ruptura con el conservadurismo.

Pese al clima lluvioso, durante aquel fin de semana se presentaron 18 actos contratados por la empresa ArTe, los cuales fueron admirados un publico de entre 100,000 y 500,000 asistentes. Asimismo, el evento fue transmitido a través de Radio Juventud, propiedad de Coca-Cola, cuya gestión se realizó de la mano de Vicente Fox Quezada. También, distintos medios periodísticos documentaron el festival, entre ellos Telesistema Mexicano (hoy Televisa).

Lo primeros antecedentes del Festival de Avándaro fueron las reprimendas estudiantiles de 1968 y el Halconazo. Entonces, los hippies mexicanos, llamados jipitecas, decidieron iniciar un proceso de reflexión al respecto que no incluyera la violencia armada. Fue entonces cuando se constituyó el círculo literario de La Onda, de donde saldrían algunos de los organizadores.

Por su parte, quienes apoyaron el Festival de Avándaro fueron objeto de crítica, como es el caso del sacerdote Rafael Vázquez Corona, quien atestiguo una desbandada de fieles en la iglesia La Profesa por apoyar la libertades juveniles durante su homilía. En cuanto al sector intelectual, escritores de renombre como Octavio Paz, Elena Poniatowska y Jose Emilio Pacheco tuvieron una postura moderada. En contraste, Carlos Monsiváis no aprobó el concierto aunque con el tiempo rectificó y redimió el acto de rebeldía.

Finalmente, se prohibió el movimiento de La Onda y existieron grandes restricciones para eventos públicos, pese a las protestas de grupos musicales. A dicha censura se le conoció como El Avanderazo.

Emilio Azcárraga Milmo y Jacobo Zabludovsky, el periodista que condujo durante 27 años el principal noticiero del país, para revisar los videos. El material no les agradó, a pesar de que la propia televisora había promovido el festival.

“Me dijo el señor Azcárraga: ‘¿Pues qué vamos a hacer? ¿Vamos a atacarlo o vamos a defenderlo?’. Le dije: -‘Pues mire, lo va usted a defender porque nosotros lo promovimos’. Zabludovsky me dijo: ‘Bueno, ve y hazme una edición de 10 minutos para que lo pase en la noche’”, recuerda De Llano.

“Ya no encontramos la cinta después. Ha de estar perdida en Noticieros. El problema es que el videotape se degrada. Esas cintas me las recogieron todas y se las llevaron a una bodega en algún lugar de Tijuana y se perdieron, o se echaron a perder”, lamenta.

Avándaro, originalmente, como una carrera de autos, pero entonces se le ocurrió la idea de que hubiera música en vivo.

“Nosotros pedimos permiso para hacer una carrera de coches con música y de repente yo inventé que quería hacer un concierto y empecé a invitar a grupos, y al rato ya no hubo carrera. Hubo rock, pero no hubo ruedas”, recuerda.

Tal convocatoria los rebasó y, a su juicio, la cobertura de la prensa no fue la más justa. Aunque la carrera estaba programada para el sábado, la gente comenzó a llegar desde el jueves.

“Cometí el error en Avándaro de invitar a la prensa de espectáculos y no invitar a la de primera sección. Cuando regresé, nos hicieron pedazos porque todo lo que puso la prensa… La verdad es que sí hubo mucha gente, 250.000 personas, reunidas por razones no políticas”, dice.

Una mujer que fue fotografiada enseñando los senos, a quien se le adjudicó el mote de “La encuerada de Avándaro”, y una portada de la revista amarillista Alarma con el titular “Avándaro, el infierno”, seguido de los calificativos: orgía hippie, encueramiento, mariguaniza, degenere sexual, pelos, mugre, sangre y muerte.

“Los chavos sólo buscaban esa libertad que querían tener, sacar esa herida que tenían en la piel del 68, todas esas broncas que habían pasado”, dice.