Los atacantes utilizan diversas técnicas para estafar usuarios, muchas de ellas apostando a engaños y factores como la impaciencia o la codicia. De entre las técnicas más comunes se encuentran la ingeniería social y los ataques a juegos o plataformas.

Ingeniería social

En la industria de los videojuegos, los nuevos lanzamientos pueden ser costosos. Los gamers jóvenes que dependen del dinero de sus padres no suelen ser capaces de adquirir cada uno de los juegos más recientes, lo que significa quizás no poder compartir partidas con sus amigos/as. Los atacantes están al tanto de ello, y buscan llevarlos hacia una trampa prometiendo versiones gratuitas del juego. La forma de conseguirlo es ingresando a foros dudosos o enlaces específicos. Incluso si el juego está allí, podría haber sido infectado con malware capaz de espiar a sus víctimas, cifrar su información más valiosa o incluso dañar los dispositivos que utilizan para jugar.

Los gamers más jóvenes pueden ser muy competitivos y recurrir a ciertas trampas para vencer a sus oponentes. Pero, de esta manera, se ponen en riesgo ya que los atacantes pueden hacer un mal uso de la situación y prometer revelar algunos “cheats” a cambio de que el jugador siga ciertos pasos o visite sitios o foros particulares, donde intentarán obtener sus detalles personales.

Ataques a los juegos y plataformas

No todos los ataques están dirigidos a los jugadores. En algunos casos, el objetivo es la plataforma de videojuegos o el juego en sí. Ciertos escenarios comunes incluyen ataques DDoS, que inundan los servidores de las plataformas con tráfico falso y generan tiempos de inactividad; robo de contraseñas de usuarios, así como la creación de sitios falsos de los juegos para lograr diversos objetivos maliciosos, como infectar a las víctimas con malware o extraer su información personal y financiera. En caso de darse un ataque al juego o a la plataforma, las consecuencias para los jugadores pueden ser desde un breve período de inactividad o la solicitud de un cambio de contraseña, hasta problemas más severos, como el robo de información sensible y personal.