A pesar de la pandemia por coronavirus, las y los comerciantes hallaron la forma de continuar con la tradición de reparar y vestir Niños Dios y sostener su economía. Desde sus casas, o a cortina cerrada, prepararon a los protagonistas del Día de la Candelaria.

En el mercado San José Altamira y en el de San Bartolo, las y los restauradores resistieron el Semáforo Epidémico Rojo que se mantiene en el Estado de México. Si bien la contingencia redujo en esta temporada más del 50 por ciento de sus ingresos, sus ganancias aún fueron suficientes para el día a día.

Don Chuy, como conocen a Jesús López Robles en Altamira, se llevó el negocio de reparación a su casa. La fama que tiene en el oficio le hizo conservar clientela aun sin estar en su establecimiento. En el local del mercado, dos ayudantes recibieron las figuras que se transportaron a su taller y días después regresaron a sus dueños como nuevas.

De acuerdo con el señor Jesús, esta forma de operar dificultó su trabajo, al cual se dedica desde hace más de 20 años, pero no lo frenó.

En otras ocasiones, restauraba de entrada por salida en 20 minutos con el cliente en el lugar, pero ahora la tarea de trasladar las piezas del negocio a su casa y viceversa hizo que arreglara menos al día. Según sus estimaciones, cada temporada renovaba unas 400 representaciones del Niño Dios, incluso 500 durante los inviernos con más trabajo, pero este año no intervino más de 200.

“Sí salió para subsistir, dentro de lo que cabe, no me quejo, para comer sí salió, bajó un poquito porque la gente no sale, pero gracias a Dios hemos ganado lo suficiente para librar los gastos”, señaló el artesano, desde San José Altamira, mejor conocido como La Tolva.

María de la Luz, esposa de Don Chuy, quien también dedicó tiempo a la faena, atribuyó la reducción de ganancias al resguardo de las personas adultas mayores, en este sector predomina la tradición, el coronavirus obligó a este grupo a quedarse en casa con mayor rigor, por lo cual muchas personas que siempre se preparaban para la festividad este 2021 no lo hicieron.

Pese a los reveses originados por la contingencia sanitaria, los dos centenares de imágenes hechas de yeso o resina que recibieron el señor Chuy y María de la Luz son un reflejo de lo viva que está la tradición. Justo ahora, en momentos de incertidumbre, sectores de la población se apegaron a aquello que lleva siglos en estas tierras, la fe religiosa.

“Esto del virus está muy canijo, uno tiene que acercarse a algo y en este caso pues la religión nos da paz, seguridad, tranquilidad, como dicen, bajar a todos los santos para ver cuál nos ayuda y nos protege”, externó María de la Luz.

“A mí los Niños Dios me dan mucho consuelo, les pido mucho por mis nietos, mis familiares, por toda la gente, que nos ayuden a salir de esto, yo sé que tal vez no suena lógico, pero yo lo pido con fe”, complementó Don Chuy.

El panorama fue similar para Miguel Ángel de la Cruz Matías, también en La Tolva, él reparó en su local a puerta cerrada. En temporadas pasadas llegó a recibir hasta 650 figuras, pero este año apenas trabajó con la mitad, unas 300.

Por otra parte, en el vestido de Niños Dios la situación fue equivalente, Alejandra Cervantes Balderas pasó de vestir un promedio de 300 en fechas anteriores a 140 en esta ocasión y Josefina Carvajal Carvajal disminuyó de 280 a no más de 100 en 2021.

“Sí nos ha afectado, disminuyó más del 50 por ciento, pero sí he ganado lo suficiente, sí han llegado Niños, manejamos precios más económicos”, dijo Alejandra Cervantes.

Aun cuando las y los comerciantes resintieron los estragos de la pandemia, reconocieron que la salud es una causa de fuerza mayor por la cual vale la pena seguir las indicaciones de las autoridades sanitarias y aguantar las dificultades.

“Entendemos al Gobierno ahorita, la economía es bien importante, pero ahorita pesa más lo de los hospitales saturados, no quiero estar intubada o con oxígeno, luego ya ni hay, por lo que he visto, miro cómo la gente sufre para conseguir un tanque, mejor me quedo encerradita, hasta ahora entiendo que debemos acatar las recomendaciones”, manifestó Josefina Carvajal.

La toma de conciencia sobre el coronavirus y la esperanza sobre el fin de la crisis sanitaria contribuyeron a que los ropones más solicitados fueran los correspondientes a los Niños de la Salud, Doctor y de la Misericordia. La lucha contra la COVID-19 también se dio desde la trinchera religiosa.

Mientras tanto, en el mercado de San Bartolo, Marco Antonio Meza optó por no abrir el negocio de reparación esta vez. Su madre, Rosa Zamora, es la experta en el tratamiento de las figuras, pero, debido a que es una persona adulta mayor, dedicarse a la restauración implicaba un riesgo que nadie en la familia quiso correr.

“Ella sí quería venir, pero le dije a mi hermana ‘no, mejor nos resguardamos y pues total, una temporada perdida se recupera’, había que hacerlo porque es una persona en situación de vulnerabilidad”, apuntó Marco Antonio.

El día de la Candelaria es una celebración católica que se conmemora cada 2 de febrero, recuerda la purificación de la Virgen María, quien en ese día presentó a Jesús en el templo, 40 días después de su nacimiento. En México se festeja con el vestido del niño Dios, el cual es llevado a misa para recibir la bendición.