La Luna se aleja de la Tierra, los días son cada vez más grandes y los años tienen cada vez menos días debido a la dinámica del sistema Tierra-Luna, que ha cambiado con el tiempo: hemos tenido años de 407 días y días de 16 horas, constatados en los registros fósiles.

 

El 21 de Julio de 1969, una hora antes del fin de su último paseo lunar, Neil Armstrong y Buzz Aldrin colocaron un instrumento científico en la Luna. Desde hace más de 50 años funciona perfectamente: se trata de la “matriz retro-reflectora de medición láser lunar”, un conjunto de 100 espejos reflectores cúbicos que apuntan a la Tierra.

 

Si enviamos un pulso láser desde un telescopio terrestre contra ese espejo, la luz llegará a la Luna y se reflejará hacia la Tierra exactamente en la misma dirección en que llegó. Midiendo el tiempo que tardan en ir y venir de la Luna esos pulsos láser, podemos saber a qué distancia exacta se encuentra nuestro satélite.

 

Desde hace más de 50 años llevamos midiendo exactamente esta distancia. El experimento confirma las predicciones de la teoría: la Luna está cada vez más lejos y aumenta su distancia a un ritmo de 3,78 cm al año.

 

Que la Luna se iría alejando progresivamente de la Tierra es algo que los físicos sabían desde hace mucho tiempo.

 

La Luna genera mareas en los océanos de la Tierra. Las mareas “consumen” una inmensa cantidad de energía por rozamiento. Ese rozamiento va frenando la rotación de la Tierra.

 

De esta forma, cada vez la Tierra gira más despacio y, como consecuencia de la conservación de la energía de rotación total del sistema Tierra-Luna, nuestro satélite se aleja de nosotros.

 

En realidad, la Tierra ralentiza su rotación muy poco a poco y, consecuentemente, la Luna se aleja de nosotros muy lentamente. Pero en el tiempo profundo de las eras geológicas se nota mucho.