Cuando comenzó la primera etapa del confinamiento en marzo pasado, todos los centros deportivos del país cerraron sus puertas cruzando los dedos, con la esperanza de no morir en la vereda que se avecinaba.

Y es que pocos negocios en el mundo han sido tan golpeados por la pandemia como los gimnasios. Hasta en 1,500 millones de pesos ascienden las pérdidas mensuales para este sector, según estimaciones de la Asociación Mexicana de Gimnasios y Clubes A.C.

Sin embargo, no todos los gimnasios apelaron a la superstición de cruzar los dedos o al pavor de congelar activos. Sports Inc, gimnasio mexicano con apenas tres años de operación, entendió que el coronavirus no era un bache, sino un catalizador de transformaciones sociales.

“Entendimos que no era un buen momento para que la gente se confinara en sus casas y regresara a una vida sedentaria. En un país que ocupa los primeros lugares internacionales en obesidad y diabetes, creímos que suspender nuestras rutinas era sinónimo de poner en riesgo a la población ante un virus que es más agresivo contra quienes no tienen hábitos saludables”, dice en entrevista Agustín Zamorano, director deportivo de PDL, la compañía que administra este gimnasio y otras 60 unidades de negocio relacionadas con la industria deportiva del país.