Aseguran en EE.UU. estar “quedándose atrás” los hospitales rurales pues no hay recursos para mantener la vacuna Pfizer a 70 grados bajo cero

Mientras los grandes hospitales urbanos de Estados Unidos se apresuran a comprar costosos congeladores ultrafríos para almacenar lo que probablemente sea la primera vacuna COVID-19 aprobada, la mayoría de los hospitales rurales no pueden pagar estas unidades de alta gama, lo que podría dificultar que trabajadores de la salud y residentes de esas comunidades reciban las vacunas, afirma el medio especializado en salud y medicina STAT.

La vacuna desarrollada por la estadounidense Pfizer y la alemana BioNTech afirma proporcionar un 90% de inmunidad según los primeros datos publicados el lunes pasado. Pero el problema radica en que la vacuna debe almacenarse a -70 grados Celsius y los congeladores típicos no se enfrían tanto, lo que convierte su distribución en una pesadilla logística.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) han recomendado a los departamentos de salud de los distintos estados de EE.UU. que no compren congeladores ultrafríos, que cuestan entre 10.000 y 15.000 dólares cada uno, ya que, según ellos, pronto estarán disponibles otras vacunas con requisitos de almacenamiento menos exigentes. Sin embargo, los hospitales con dinero de sobra hicieron caso omiso a la recomendación: cuatro importantes sistemas de salud de Carolina del Norte, Ohio, Dakota del Norte y California señalaron a STAT que ya compraron congeladores ultrafríos adicionales, al tiempo que Jefferson Health en Filadelfia aseguró haber alquilado cinco unidades.

Aproximadamente el 20% de los hospitales que trabajan con Vizient, uno de los mayores compradores grupales de hospitales de EE. UU., han adquirido congeladores de -80 C, afirmó Azra Behlim, su directora senior de abastecimiento farmacéutico y servicios del programa. Vizient trabaja con el 60% de los hospitales de todo el país, lo que sugiere que más del 10% de los hospitales se han dedicado a comprar sus propios congeladores. Behlim no proporcionó un desglose, pero otra importante organización de compras grupales, Premier, indicó que la mayoría de sus clientes que compran congeladores ultrafríos son centros médicos académicos.

“Las zonas rurales y los pequeños hospitales estarían en desventaja”, dijo Soumi Saha, farmacéutico y director de promoción de Premier.

Esta compra está fuera del alcance de los hospitales más pobres, especialmente aquellos en áreas rurales que apenas pueden manejar los gastos diarios. Casi la mitad de los hospitales rurales de EE. UU. operan con pérdidas desde abril de este año, expresó Alan Morgan, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Salud Rural. Y la pandemia ha debilitado aún más sus finanzas.

Las poblaciones rurales son precisamente las más vulnerables al COVID-19 y las más necesitadas de una vacuna, señaló Morgan: “Cientos de pequeñas ciudades rurales en todo EE. UU tienen un mayor porcentaje de ancianos, de bajos ingresos [residentes], un mayor porcentaje de la comunidad con múltiples problemas de salud crónicos”. Sin embargo, agregó que “en este entorno financiero, se puede imaginar que simplemente no hay consideración de que los hospitales rurales compren equipos de almacenamiento para esta distribución ultra fría”.

De esta manera, los hospitales urbanos más ricos tienen una gran ventaja para obtener acceso a la vacuna que se espera sea una de las primeras autorizadas para su distribución generalizada. “La óptica es horrible. Estamos en medio de la elección más dividida de mi vida, y yo tengo más de 70 años, y una de las más divididas en la historia de nuestro país”, aseguró Tim Size, director ejecutivo de Rural Wisconsin Health Cooperative. “Gran parte de esa división es rural y urbana, y nos estamos quedando atrás”.

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