México y los mexicanos vivimos y sufrimos una tragedia tras otra. El país es una tierra de volcanes en erupción permanente, su amplia y diversa geografía lo hacen propicio para ello y también, desde luego,  para las disrupciones políticas y sociales.

La 4a tragedia mal llamada “Transformación”  es un retorno a lo más funesto del pasado en el país: representa la gran división de la independencia y su entorno clasista (hispanos, criollos, mestizos e indígenas) y el encono brutal atizado por Hidalgo y matizado y además bien acotado por Morelos.

El actual Presidente de México ha sumergido en el pantano de la lucha de clases a una sociedad desconcertada y que aún no alcanza a vislumbrar lo que nos espera con esta nueva disyuntiva maniquea del  todos pobres o “todos contra mí” las amenazas son parte natural ya del soterrado gobierno que abre flancos por nada y contra todos. Advertencia del nuevo aprendiz de tirano latinoamericano para que vayamos tomando partido.

Nada que ver con El otro sureño oaxaqueño que unió por décadas a un país y lo llevó a ser reconocido hasta por sus propios enemigos.

Sus arengas mañaneras para incitar al odio de los que no pensamos como él, son reflejo quizá de una mente  retorcida por la venganza política, el complejo del megalómano con aires de estadista o de plano la maquinación perversa de un plan para llevar al país a la ruina total y al comunismo cultural tipo Bakunin o Gramsci.

Porque pareciera que Andrés Manuel quiere arrastrar de una vez y para siempre al país a una lucha fraticida sin menoscabo de lo que nos costó la independencia y la Reforma.

Hablar y etiquetar al país de “liberales” y “conservadores” es llevar a la arena política batallas de hace 150 años por lo menos y eso, dentro de una pandemia fatal “cayó como anillo al dedo” para, sigilosamente, introducir toda la agenda política estatista, antilibertaria, clasista y manipuladora electoralmente para preparar el terreno de la maquinaria que lleva a la dictadura de “los pobres”.

Por eso su inquietante pregunta y amenaza del “y qué hacemos con los ricos” debe de ser analizada desde el punto de vista de las llamadas soluciones finales y de las convocatorias a los genocidios entre hermanos de sangre y de raza.

Reformas al poder que le han costado sangre y lágrimas al pueblo hoy son juzgadas con ojos de resentimiento y venganza.

¿Qué tiene de revolucionaria esta 4a tragedia sino sólo la constancia de arrasar con todo lo construido y aventar al cesto de la historia lo que para el amo del país huela a neoliberalismo salvaje? Los amos del país no quieren competencia, su avasallante discurso hipócrita arremete contra todo y contra todos los que disienten.

Las grandes instancias democráticas que permitieron que llegara al poder ahora se convierten con la nueva retórica de palacio nacional, en instrumentos de facto de los conservadores para mantener sus privilegios.

Por eso el INE,  el INAI, la Suprema Corte, la CNDH (Que pronto se convertirá en la Procuraduría de los pobres) y otros tantos instrumentos de la democracia moderna muy pronto pasarán a ser recuerdos  y museos donde pisarán con fuerza los poderosos pobres del “mundo feliz”: feliz muy feliz al estilo de Aldous Huxley en la nueva disneylandia de Pánfilo el Ganso, cuya fama de suertudo tenía preeminencia sobre su talento.

Y no es que esté mal que se piense en los pobres, lo que está mal es que nos quieran llevar a todos a esa condición, en lugar de sacarlos y llevarlos a estadíos superiores de bienestar. La “opción preferencial por los pobres” ni es la solución, ni es nuevo ni es revolucionario. Surge del pensamiento de la traición jesuítica del siglo XX. Del nuevo pensamiento de algunos “sacerdotes” guerrilleros  como Leonardo Boff, Hugo Azmann, Gustavo Gutiérrez, Ignacio Ellacuría y en México del inefable activista del EZLN Samuel Ruiz que rebajaron la Teología a una nueva teología de la Liberación (con contenido puramente económico) y que resaltan el llamado “pecado estructural” para sostener hasta bíblicamente el derecho de los pobres por encima del de los demás…rompiendo así con la igualdad evangélica y plantando la idea de que la pobreza es un pecado pero debe de ser un leitmotiv aspiracional en la deconstrucción del nuevo mundo lopezobradorista.

La 4a tragedia no es una transformación positiva, es un llamado al enfrentamiento con ideas del pasado, con la lucha de clases y movido con el motor de la historia de la dádiva, de la corrupción y de  la envidia del pasado.

Por eso dice y dice bien la política e historiadora española (atacada por la izquierda párasita como Condesa) Cayetana Alvarez de Toledo “los comunistas son útiles cuando dejan de ser comunistas”. Pobre de México, tan lejos de Dios y en manos de los enanos y, por supuesto, de sus aplaudidores.

En síntesis, México vive una tragedia que subsume en sí lo peor del  clasismo de la independencia, el odio de la Reforma, la anarquía revolucionaria y el obtuso pensamiento de senil político que aspira a la tiranía envuelto en el sueño que se dice bolivariano pero que no alcanza ni para unir a México. La disyuntiva la marcó quien debería de unir y divide, desde luego que yo estoy con México, para quien lo quiera interpretar… y “alea jacta est”, hay de los perdedores !!

Benjamín Ayala Velázquez

Consultor político | Primavera del 2020

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de Cadena Política.