Thomas Bach, 64 años, oro olímpico en esgrima en Montreal 1976, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), se sentó el pasado julio en el escenario del auditorio del museo del COI en Lausana con Jacob Lyon, alias Jake, de 21, profesional del videojuego Overwatch. Se juntaron a hablar de sus cosas: Bach, de los Juegos; Jake, de las competiciones de élite de videojuegos (eSports), y ambos, de lo que podía haber entre esos dos mundos. Bach había presentado el encuentro como un “choque de culturas”, y sin embargo ahí estaban, fraguando un entendimiento que apunta a que los videojuegos se incluyan en el programa olímpico de los Juegos de Los Ángeles 2028.

Después de Lausana, el COI incluyó los eSport en la agenda de cuatro citas de alto nivel hasta final de 2018, entre ellas la del comité ejecutivo del COI el 1 de diciembre en Tokio. Un acercamiento convencido, pero con cautelas.

Durante la charla con Jake, Bach se mostró amable, pero receloso, especialmente con los juegos violentos (una “línea roja”) y con el procedimiento. El COI quiere marcar el paso y no sentirse arrollado. Pero había razones para que se sentaran juntos. Varias se vieron en el vídeo que presentó el foro: 165 millones de “entusiastas” de los eSports en 2018, un 15,2% más que en 2017; audiencia global de 380 millones; 52 millones de euros en entradas para eventos; 100 millones en premios. Los eSports viven la efervescencia de una explosión, mientras los Juegos buscan cebos para audiencias jóvenes: en Tokio 2020 se verán los primeros campeones olímpicos en skateboarding, escalada, surf y baloncesto 3×3.