En el tiempo que lleva en el banquillo del Atlético siempre ha sido una constante lucha de Pablo Simeone por la defensa de una manera de entender el juego. Un modelo que no privilegia la posesión, y sí la defensa de los espacios y el ataque vertical. Es el fútbol que siente, el camino del que habló al término de la contundente y reconfortante victoria ante el Borussia Dortmund en la Champions.

En sus entrenamientos predomina más “el juega ya hacia arriba”, que el “tranquilo y mueve” para un ataque más elaborado. En las sesiones más prolongadas de trabajo con balón, los partidos a campo reducido, las circulaciones largas apenas existen. Son muchas jugadas a un ritmo vertiginoso en las que se trata de afinar la mezcla de la precisión con las revoluciones altas.

El objetivo es matar en pocos toques tras una recuperación cercana al área rival, el 1-0 de Saúl, o para montar una contra que estire al equipo cuando defiende en bloque bajo, el 2-0 de Griezmann. Esas dos acciones con las que el Atlético culminó su mejor actuación del curso plasmaron el partido perfecto de Simeone. Dos goles a favor, 16 remates, la portería a cero y ni una sola intervención de mérito de Oblak, solo inquietado por un cabezazo que Guerreiro envió por encima del larguero. Todo con solo un 31% de la posesión.