Desde tiempos ancestrales los cenotes han sido escenarios de gran importancia para los mayas, ya que se consideraban portales o puertas al inframundo, se creía que al morir las personas recorrían un largo camino hacia el mundo de los muertos conocido como “Xibalbá”, mítico lugar que era habitado por dioses y seres sobrenaturales. Se pensaba que los habitantes del inframundo maya vivían de cabeza y que al ponerse el sol, Xibalbá rotaba sobre la tierra para formar el cielo nocturno.

Los cenotes eran considerados lugares del nacimiento de la vida, contenedores de agua virgen o suhuy ha´. La palabra “cenote” procede del vocablo maya tz’onot o tz´ono´ot, que significa “cosa honda”, “abismo” o “profundidad”, y eran lugares sagrados en donde se practicaban todo tipo de rituales y ceremonias.

En el inframundo maya habitaban diversos seres mitológicos y animales fantásticos, como el ave “Moan”, que es la manifestación del Dios de la Muerte, algunos autores creen que ésta ave mitológica fue una especie de búho o lechuza con mechones de plumas en la cabeza, semejando orejas o cuernos. Algunas representaciones del ave Moan muestran una mezcla de ave y perro -el perro era quien conducía a las almas de los muertos al Xibalbá-. La relación del perro con el hombre fue tan fuerte para los mayas que se permitía sacrificar a un perro en sustitución de una persona.

Los cenotes son acuíferos subterráneos expuestos, formados por el hundimiento total o parcial de la bóveda calcárea, el cual absorbe el agua de lluvia almacenándola en el subsuelo como acuíferos subterráneos no expuestos, que forman una red de vasos que desembocan al mar, con profundidades de niveles freáticos que varían de dos hasta 30 metros o más.

Los cenotes varían de formas, las cuales modifican el entorno circundante, del cual depende en gran medida el ecosistema en su conjunto. Además, las propiedades físicas de la roca caliza (porosidad, permeabilidad y solubilidad) determinan la existencia de un acuífero no confinado, que prácticamente intercomunica todos los cuerpos de agua existentes en la zona.

Cuando se habla de tipos o formas de cenotes, el elemento religioso tiene mucho que ver, ya que las profundidades del cenote se relacionaban con el misticismo. Hoy en día los estudios geológicos determinan la forma de llamar a los cenotes, y estos son; de cielo abierto, semiabierto, de caverna o antiguo cenote. Esta clasificación también está determinada por la edad del cenote, siendo los cenotes de mayor antigüedad los que se encuentran más abiertos y los cenotes subterráneos son los más jóvenes.

En los cenotes habitan una gran variedad de especies, y gracias a su aislamiento, historia geológica y características geográficas, muchas de ellas son endémicas y se reconoce que un considerable número de estas especies son de origen marino, y que invadieron el ambiente de las aguas continentales precisamente por los conductos subterráneos.

El Estado de Quintana Roo tiene la mayor diversidad de peces, se han inventariado alrededor de 40 especies. Se ha identificado que en los cenotes habitan dos especies de anguila; la anguila de lodo (Ophisternon aenigmaticum) y la anguila ciega (Ophisternon infernale). También un pez ciego, endémico de la península de Yucatán, la dama blanca (Ogilbia pearsei), que reside las zonas de oscuridad permanente de las cavernas y pasos subterráneos, ya que en cenotes abiertos a los que llega la claridad no se halla esta especie. La dama blanca se encuentra en peligro de extinción, y en los sitios donde se obtuvieron los primeros ejemplares en el año de 1936 para hacer su descripción taxonómica, la cueva de Hoctún y la cueva de Pochote -ambas en Yucatán-, están gravemente dañadas, la primera por desperdicios urbanos y la segunda por desecación debida a la excesiva extracción de agua con fines urbanos e industriales y para la cría de cerdos.

Debido a su variación temporal y su distribución vertical, los cenotes son indicadores del grado de heterogeneidad de todo un ecosistema, y por lo tanto de su biodiversidad. La heterogeneidad de tipos de cenotes es muy grande. Los hay oligrotróficos, de aguas profundas y transparentes, hasta distróficos, de color café con alta concentración de materia orgánica y poca profundidad. La diversidad de productores primarios y de intervalos de productividad acuática es alta, y por ende se propone la hipótesis de que la diversidad del resto de los organismos de la red trófica es alta. A la fecha se han identificado alrededor de 80 especies de algas: plantónicas, bentónicas, perifíticas y subaéreas. Así mismo, asociados a los cenotes cohabitan muchas especies que no son precisamente acuáticas, mamíferos, aves, reptiles e insectos, que se benefician de esta fuente de agua y mantienen una relación muy estrecha con este ecosistema.

Sin embargo, los cenotes están expuestos a graves peligros, uno de ellos es que sueles ser usados como basureros -un hoyo en la tierra les parece a muchos un sitio perfecto para depositar la basura-, lo que perturba las condiciones naturales del lugar y puede llegar a provocar la desaparición de especies y la colonización de fauna nociva, plagas y enfermedades, así como la contaminación del agua.

Otro de los peligros para los cenotes es la destrucción de la vegetación circundante, es importante señalar que los cenotes no son ecosistemas acuáticos típicos que toman el carbono de la atmósfera, sino que reciclan su propio carbono a partir de la degradación de las hojas de mangle y de los otros tipos de vegetación que crezcan en sus bordes, y también de la disolución de las paredes del cenote. Esta situación los hace muy vulnerables a cualquier cambio drástico que ocurra en su ambiente. Este ecosistema, formado por microhábitat permite que diferentes organismos vivan en cada uno de ellos. Por ejemplo, el agua salada y el agua dulce que coexiste en un mismo cuerpo de agua son la razón de que exista en él diversidad y tal vez especiación. Se piensa que quizás las especies de agua dulce van bajando al agua marina y viceversa. La importancia hidrológica y biológica de los cenotes nos indica que es de suma importancia desarrollar estrategias sostenibles de este recurso.

También las alteraciones debido al uso turístico han provocado grandes cambios, ya que en muchos casos se instalan en los cenotes luces permanentes que alteran totalmente el medio oscuro, perturbando a los organismos que habitan en la oscuridad total. También se extrae de ellos una gran cantidad de agua y se hacen cambios en la estructura de algunos cenotes o de sus conductos para utilizarlos como atracción turística.

La contaminación a la que están expuestos los cenotes y las aguas subterráneas resulta preocupante. Los criaderos de cerdos de la Península de Yucatán son una de las fuentes de esa contaminación debido al mal manejo de sus residuos, aunado a las concentraciones de insecticidas y plaguicidas que son arrastradas directamente a los conductos subterráneos por las fisuras del suelo calcáreo.

Recordemos que la única fuente de agua dulce que tiene la Península de Yucatán son sus aguas subterráneas. Los cenotes, puertas abiertas a estas aguas y a la biodiversidad que albergan deben ser objeto de un cuidado muy especial, políticas sostenibles de inclusión, que garanticen tanto el recurso agua como la permanencia de las especies silvestres y ecosistemas a largo plazo.

No debemos olvidar que los cenotes eran sitios sagrados, hoy en día también debemos considerarlos así, ya que son fuente de vida, nos proporcionan el vital líquido, son cuna de una gran diversidad de especies únicas en el mundo y nos ofrecen una belleza extraordinaria, de su correcto manejo y uso dependen no unos, dependemos muchos o tal vez todos, de lo contrario Xibalbá nos recibirá con los brazos abiertos.

*El autor es Médico Veterinario por la UAEMex. Ambientalista, incansable difusor de la protección, conservación y desarrollo sustentable de los recursos naturales, y promotor del trato digno y bienestar animal.

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