México enfrenta un panorama externo incierto y un escenario nacional difícil y complicado en la transición hacia el gobierno que comenzará a partir de diciembre. En el ambiente mundial se recrudece el proteccionismo, particularmente entre Estados Unidos (EU) y China; en este escenario de incertidumbre, los capitales financieros emigran hacia activos más seguros generando tensión en los mercados cambiarios de las economías emergentes, cuyas monedas se debilitan frente al dólar. La volatilidad domina el comportamiento de los mercados financieros y en la economía mundial prevalece el escepticismo y un crecimiento lento y titubeante de la producción y el comercio en la mayor parte de las economías desarrolladas, excepto EU, y un avance que comienza a debilitarse en las economías emergentes.

Tras la entrega de la constancia de mayoría al ganador de la elección por la Presidencia de la República, el Lic. Andrés Manuel López Obrador, ha comenzado la cuenta regresiva de la presente Administración y la transición entre este y el próximo gobierno.

El balance de sus resultados obtenidos en materia económica a lo largor de estos casi seis años de gobierno indica que seguimos entrampados en la historia reciente.

Tal y como ha venido sucediendo a los largo de los últimos tres sexenios, se realizó un trabajo impecable para conservar la estabilidad macroeconómica, aún en medio de la más severa y prolongada crisis mundial y a pesar del colapso de los precios internacionales del petróleo, que impactaron severamente las finanzas públicas, la disposición de divisas y los presupuestos de ingresos y egresos, obligando a la realización de importantes recortes en el gasto para mantener el control sobre las finanzas públicas y la certeza de que no habría relajamiento en la preservación de un ambiente estable y razonablemente predecible para los agentes económicos.

Ha sido eficaz el trabajo estabilizador, no así la promoción del crecimiento de la actividad económica ni la generación de más y mejores empleos. Es evidente que el avance de nuestra economía sigue siendo lento y vulnerable frente a eventos externos fuera de nuestro control.

En los últimos sexenios las promesas de transformación y mejoría no se han concretado en resultados tangibles. Cambiaron los protagonistas, se modificó el entorno nacional e internacional, se realizaron importantes reformas económicas y se impulsaron programas de trabajo cuyas metas mejoraron las expectativas y estimularon la confianza entre los agentes.

No obstante debemos reconocer que la combinación entre precios a la baja o en el rango-objetivo del Banco de México y el crecimiento dinámico de la economía, sigue siendo un objetivo inalcanzable por causas internas, externas o ambas.

Es evidente que compartimos la convicción de detonar el crecimiento de México a partir de acciones estratégicas, concertadas y eficaces. Buscamos impulsar las transformaciones que el país requiere para recuperar terreno frente a la comunidad internacional.

Es tiempo de abrir el cauce a nuestro potencial y al talento de las nuevas generaciones. México necesita crecer para mitigar la pobreza que hoy lacera a millones de mexicanos. Debemos ampliar oportunidades a la inventiva y capacidad que caracteriza a nuestra población, particularmente a los empresarios que están dispuestos a emprender el camino de la modernización integral de sus actividades.