El empoderamiento femenino es un proceso en que la mujer alcanza el control de su propia vida y sus condiciones. Es tomar conciencia de la propia condición como sujeto para hacer uso de las herramientas personales y sociales, transformando así los viejos patrones relacionales en nuevas maneras de abordar la vida cotidiana.

A través de la Danza Movimiento Terapia encontraremos esas nuevas herramientas personales dentro de nosotras mismas dejando de poner en el afuera la responsabilidad y reencontrando nuestro cuerpo en el aquí y el ahora para desde ahí impactar nuestros círculos sociales próximos.

La danza del vientre, danza Egipcia o correctamente llamada Danza Oriental, es la evolución escénica de diversas danzas antiguas tradicionales de Oriente Medio, junto con otros del Norte de África y Grecia.

Ahora, aunque la mujer del siglo XXI piensa, vive y actúe diferente y de una nueva manera que la de sus abuelos y bisabuelos, continúa llevando en ella los modelos de las mujeres de su familia…. En la intimidad por ejemplo, siguen vigentes los viejos patrones que impiden a la mujer disfrutar de su libertad y plenitud; a esto, se le añade la reciente exigencia de esta sociedad competitiva y patriarcal en la que hay que ser las mejores en todos los ámbitos para lo cual, hay que desconectarse del cuerpo (otra vez) y por tanto, del instinto, planificar y convertirse en un soldado disciplinado.

Siempre hay un objetivo externo que cumplir y hoy en día el hombre y la mujer como individuo, no puede prestar atención a lo que está pasando.  Se explota a sí mismo constantemente y sin coacción externa… La exigencia y la presión salen de uno mismo.  Poseer, controlar y lograr, empieza a ser más valorado que ser y sentir…

La cultura en la que vivimos potencia por encima de todo,  la competencia, el control y el éxito, pero hemos dejado de ser cuerpo para pasar a ser máquinas, dejando de lado las sensaciones para que la planificación ocupe todo el espacio.  Hemos abandonado el placer en favor de la producción y del rendimiento.

Éste es un párrafo adaptado del libro de Mireia Darter “Nacidas para el placer”, pero es cierto… ¿Qué hay de nuestra relación como mujeres con el placer? Porque como mujeres es demasiado complejo, cultural y socialmente, hemos adoptado un papel dentro de la sociedad en el cual el disfrutar ciertas cosas que tendríamos que disfrutar como mujeres o simplemente como cualquier ser humano, tiene que verse mal, etiquetándonos en ciertos prototipos que la mayoría delas veces no son los correctos.

La Propuesta de la música y la danza, es conectar el instinto y el cuerpo, la naturaleza y lo sagrado que hay en nosotros, desde el cuerpo en movimiento.  Recuperar nuestro poder desde el instinto para recuperar lo sensorial y corporal es necesario percibir e cuerpo y sus sensaciones.  El dese y el placer, son previas a la conciencia, son previas al lenguaje y a la palabra.

Reconectar con el deseo a través del placer de escuchar, tocar, acariciar, sentir y mover mi cuerpo sin exigencia, sin objetivos, sólo por el placer de hacerlo y disfrutarlo.

Parar, respirar, escuchar, sin juzgar, sin luchar con los mensajes del cuerpo y llevarme esta información al movimiento, al día a día, a la vida para poder elegir cómo quiero danzar mi vida.

El empoderamiento ayuda a reconocer lo sensorial y corporal como fuente de placer y de vida que me conecta con el resto de seres vivientes y sintientes del planeta.   Honrar la vida que llegó hasta mí a través de todas las que me precedieron disfrutando, celebrar danzando que estamos vivas, somos cuerpo y naturaleza y somos parte de la danza de la vida.

No te pierdas Entre Rosas y Armaduras en cabina contaremos con Priscila Guerrero bailarina profesional martes a las 12:00pm por Cadena Radio