México no es distante de la vida política de Ecuador…

Una colaboración especial de: Franklin Medina, Carlos Martínez, Nelly Guamán, Paulina Tamayo, Xavier Brito, Miguel Chicaíza.

Al igual que la película de los años 30´s: “Lo que el viento se llevó”, la política ecuatoriana podría ser identificada como “lo que la silla se llevó”. Ecuador al igual que en otros países de América Latina, las palabras como democracia y libertad, se han convertido en palabras vacías. Frente a este vaciamiento pretendemos recobrar el melodrama como matriz cultural latinoamericana que nace con la radio-telenovela en Cuba y más adelante se internacionaliza en México. Así, esta opinión se aleja de los análisis políticos y económicos que restringen a un grupo selecto poblacional.

Como si se tratase de una telenovela, Rafael Correa llegó a salvar a la doncella (nosotros) de los enemigos de la Patria (pobreza, corrupción, delincuencia, entre otros). Con discurso académico y juvenil enamoró a gran parte de la población. Junto a él, y su primera experiencia en el poder, Lenin Moreno que representaba a los olvidados por la política y la economía: los discapacitados. Aquellos personajes representados por bufones o gaznápiros en la producción de esta telenovela, llegaron a actuar como monolongos.

Correa fue perfeccionando la imagen del joven seductor, muy distante del patrón de hacienda de Uribe, de la fashion Cristina Fernández, del refundador de la patria Chávez, del nacionalista Humala, de la abuelita ternura Bachelet, del cura liberal Lugo, del sindicalista Lula, del indígena Evo o el viejito querendón Mujica.

Luego de diez años de una larga telenovela, que parecía iba a ser sempiterna, llegó al poder Moreno, con un discurso simple, premotivo, adulador de Correa. Pasó los meses  y como si se  tratase de la telenovela Topacio, Moreno poco a poco ve y huele las cosas a corrupción. Este divorcio ha colocado a los hijos de la Patria (nosotros) en medio del problema sentimental que, claro, los grandes analistas políticos quieren ver de otra manera. Esa manera que oculta las cosas y no llega al pueblo.

Una vez quemada la casa en la película: “Lo que el viento se llevó”, con actores que atraparon a dos generaciones como David O. Selznick y Margaret Mitchell; el Ecuador quedó atrapado a dos fuegos, en llamas avivadas por el carbonero Moreno con dantescas acusaciones prefabricadas de corrupción, y los bomberos disfrazados de gigantes y poderosos capitalistas queriendo apagar con gasolina de 92 octanos, traídos del FMI y del Club de París.

Otra vez la sombra de los desposeídos comienza a aparecer por los cuatro costados de la patria y antes de que el gallo cante tres veces se habrá desvanecido el haz de luz que en enero del 2007 entraba por la hendija de los más que, en su locura, creyeron en un Ecuador mejor. ¿Un realismo mágico? ¡Contestó Pedro Páramo!