El escultor Fernando Cano Cardozo ha trascendido. Ayer dejó de existir el artista mexiquense que hizo de la figura humana femenina una poesía de fuego y metal.

Nacido en el pueblo de El Oro, Estado de México el 29 de mayo de 1939, Fernando Cano fue un creador incansable que abordó con un estilo particular la técnica del hierro forjado, principalmente en piezas gran formato o monumentales

Desde la infancia tuvo un acercamiento con las bellas artes. Su padre, Juan Cano Huitrón trabajó la pintura y escultura, siendo contemporáneo del paisajista José María Velasco.

Por cuestiones familiares a una corta edad se trasladó a vivir a la Ciudad de México, donde se desarrolla en diferentes oficios y a la par estudió en la tradicional escuela de artes La Esmeralda.

A la par de otras actividades, Cano logra instalar un taller de forja con otros colegas escultores y, posteriormente, viaja a países como Francia y España, además de la ciudad de Nueva York para realizar investigaciones de obra plástica.

Poco a poco se abre camino para dedicarse al arte escultórico.

Tiempo más tarde finca su residencia en la ciudad de Toluca donde se desarrolla con plenitud, destacando además su labor docente enseñando dibujo y la técnica del hierro forjado en instituciones emblemáticas como la Escuela de Bellas Artes de Toluca.

Asimismo, llevó por casi 30 años su tradicional taller de hierro forjado en el Calvario, donde trabajó hasta su fallecimiento, en donde aportó y compartió sus conocimientos con las nuevas generaciones.