En estas fechas de periodos electorales, más allá de realizar una crítica a los candidatos de los distintos partidos políticos, son excelentes tiempos de reflexión para los ciudadanos, quienes deben comprender que ejercer su voto, implica elegir al mejor representante de un gobierno, cuya única facultad es representar los intereses del Estado.

Cada uno de los ciudadanos mexicanos, debe comprender que los problemas económicos, políticos y sociales que aquejan al país, no solo son responsabilidad del gobierno, sino del Estado, el cual, está conformado por todos los ciudadanos mexicanos, quienes tienen el poder y la facultad no solo de observar y criticar a sus gobiernos, sino de participar en los procesos democráticos del país, así como incidir en temas políticos, sociales y económicos hacia las esferas gubernamentales.

De acuerdo con este razonamiento, la pregunta obligada sería ¿cómo la ciudadanía mexicana puede incidir en dichos procesos, para generar cambios positivos en la sociedad? La respuesta es a través del “lobbying” actividad que, nace en Estados Unidos en el año de 1829, dentro de los pasillos del congreso, donde, se generaban temas de interés y debate que afectaban a toda la ciudadanía, con el fin de llegar a acuerdos. Por lo tanto, el lobbying se debe entender como aquella actividad, que busca que ciertos grupos sean escuchados y puedan generar al mismo tiempo acuerdos que beneficien a la sociedad en general a través de la participación de los ciudadanos. Y es mediante el lobbying donde, se generan espacios de interacción entre los responsables políticos y los ciudadanos para comentar, dialogar y negociar temas de la agenda política, económica o social. Dicho en otras palabras, a través esta herramienta, los ciudadanos pueden participar con las esferas gubernamentales, tanto a nivel local, estatal y federal para diseñar propuestas de forma conjunta, que resuelvan el sin número de problemáticas por las que atraviesa el país.

Es decir, es a través de la comunicación bidireccional, como los ciudadanos pueden entablar un diálogo y negociación con las autoridades gubernamentales o tomadores de decisiones políticas, para proponer distintas estrategias que generen impacto en la sociedad. Por lo tanto,  el lobbying, más allá de percibirse como una herramienta de presión hacia los grupos de poder, se debe entender, como aquella que le otorga poder y facultad al ciudadano para exigirle a sus representantes propuestas de mejora en su localidad, dado que, el papel fundamental de todos los ciudadanos es monitorear el desempeño de sus gobernantes, pero no solo generando críticas en espacios virtuales, como se hace hoy en día en redes sociales, sino  a través de generar acciones e iniciativas para presentarlas ante estos como respuesta de mejora.

En síntesis, la fuerza de la participación ciudadana en México logrará influir e intervenir en las soluciones gubernamentales, para generar una reingeniería en las esferas políticas y en los procesos de toma de decisiones que afectan a todo el país. La participación ciudadana tiene que evolucionar del nivel de espacios virtuales o públicos a iniciativas y propuestas reflejadas en nuevas políticas públicas, reformas en temas sociales, de educación, de salud, de seguridad con impacto a nivel municipal, estatal y federal.

Al final, la única reflexión que deberíamos hacer todos como ciudadanos que formamos parte del país, sin importar nuestras características sociodemográficas, es el poder lograr elevarnos al nivel de públicos activos, es decir, grupos de personas que identifican y reconocen problemáticas y que se organizan para generar las mejores soluciones que lleven a resolverlas; y así entender que el cambio de un país está no solo en los gobiernos, sino en todas aquellas personas que habitan y conviven en un país. ¡Contribuir desde nuestras trincheras! o como coloquialmente expresamos los mexicanos ¡cooperando con un granito de arena! lograremos sumar esfuerzos reflejados en un mejor país. Es importante que los ciudadanos participen y se visualicen como agentes de cambio, y utilicen el lobbying como herramienta para generar propuestas que beneficien a toda la sociedad mexicana.

 

Por: Mtra. Herlinda Ortiz Rodríguez y Mtro. Jair G. Torres